LAS BASES PARA EL NUEVO ESTATUS COMO NEGACIÓN DE LO EXIGIDO POR LA LEY VASCA DE VÍCTIMAS

diciembre 3, 2020

 

JOSEBA ARREGI

Una lectura atenta del documento pactado
entre el PNV y EH-BILDU, y que se
denomina Bases para un nuevo Estatus de
Relación con el Estado, lleva a pensar que lo
que intentan los proponentes de dicho pacto
es presentar una propuesta de nueva Constitución
para Euskadi, entendiendo el término
Constitución en la amplitud que tiene la
misma referencia en el caso de Alemania,
de Francia o de cualquiera de los Estados
integrantes de la Unión Europea, incluida la
misma España. Es cierto que, en el documento
pactado, la relación con España no desaparece
del todo, pero sí queda reducida a
lo que los autores creen imprescindible para
dar la impresión de que se tiene en cuenta
que no se pueden cortar todos los vínculos
políticos que actualmente integran a Euskadi
en el Estado, en España.
Una mirada al voto particular que presenta
EH-BILDU al documento refuerza esta
impresión. Consta sólo de dos párrafos.
En el primero reclaman ampliar el quantum
competencial para contar con todas las
competencias necesarias para garantizar
los derechos políticos, económicos, sociales,
lingüísticos y culturales de la ciudadanía del
SJP (Sujeto Político Jurídico). En el segundo
reclaman una planta judicial propia, es decir,
que los procesos judiciales se inicien y se
completen en el territorio de Euskadi.
Aunque la legitimidad para proceder a
esta propuesta se encuentre en el artículo 46
del actual Estatuto, este queda limitado a lo
posible dentro de la Constitución española:
iniciativa bien de los 3/5 de parlamentarios
del Parlamento Vasco, bien del Gobierno
Vasco, o de las Cortes generales del Estado
Español. Además, necesita de la aprobación
por mayoría absoluta del Parlamento Vasco,
requiriendo también, en todo caso, la de las
Cortes Generales mediante Ley Orgánica, y
precisando el respaldo de los electores por
referéndum, para lo cual el Gobierno Vasco
podrá ser facultado por delegación expresa
del Estado.
El texto de la propuesta de Bases se halla
a años luz de todo ello, aunque no tenga más
remedio que citar que el proceso debe ser
como el referido, pero acompañado de un
referéndum habilitante y bajo el argumento
de que el principio democrático prevalece
sobre el de legalidad, como claramente se
estipula en el documento de Bases pactado.
Esta propuesta no tiene como fin una refor–
ma del Estatuto actual, sino conseguir otro
radicalmente distinto.
Tomando como ejemplo lo que estipula la
Constitución del Estado federado de Renania
del Norte-Westfalia en su artículo 4.1 en
versión válida el año 2019 y que dice “Los
derechos fundamentales y los derechos ciudadanos
establecidos en la Ley Fundamental
de la República Federal de Alemania en su
versión de 23 de mayo de 1949 son parte
constitutiva de esta Constitución y derecho
de este Estado federado de forma inmediatamente
vinculante”1, muchas de las propuestas
cuasi constitucionales que se encuentran
en el documento pactado Bases no tendrían
ninguna función, ni siquiera siguiendo el argumento
de que desde que se aprobó la Ley
Fundamental alemana han surgido nuevos
temas, nuevos problemas y nuevas cuestiones
a las que es preciso dar respuesta, pues
estas respuestas se encuentran en las reformas
producidas en el texto inicial de la Ley
Fundamental alemana que pasan a ser derecho
vinculante del Estado federado de Norte
del Rin-Westfalia.
Siguiendo con el ejemplo de Alemania,
tan citado por los partidos nacionalistas,
la Constitución del Estado Libre de Baviera
de 2 de diciembre de 1946, anterior por lo
tanto a la Constitución alemana de 1949,
afirma en su artículo 178 lo siguiente: “Baviera
se adherirá a un futuro Estado Federal
democrático alemán. Este deberá basarse
sobre una federación libre de Estados particulares
alemanes, cuya existencia propia
de derecho político deberá asegurarse”.
No dice la Constitución de Baviera que este
Estado se podrá adherir al futuro Estado
federal alemán, ni que se procederá a un
referéndum para saber si los ciudadanos
bávaros quieren o no adherirse, pues esta
voluntad se entiende ya dada aprobando
en referéndum la Constitución propia que
incluye el citado art. 178. Y lo que exige
del futuro Estado federal alemán es que sea
eso, federal, y no confederal como dice repetidamente
el documento pactado de Bases.
La ya citada Constitución de Renania del
Norte-Westfalia dice en su Preámbulo: “En
responsabilidad ante Dios y los hombres,
unidos a todos los alemanes, … los hombres
y mujeres del Norte del Rin y Westfalia se
han dado esta Constitución”2. Lo que en España
es un Estatuto de Autonomía, en Alemania
se llama Constitución, pero quienes se
dan la Constitución de un Estado federado lo
dan, como muestra con claridad la del Estado
del Norte del Rin y Westfalia, unidos
a todos los alemanes. La Constitución del
NRW se entiende a sí misma dentro de la
Constitución federal, en unidad con el resto
de ciudadanos alemanes. Por eso dice en su
art. 1, punto 1: “El Norte del Rin-Westfalia
es un Estado miembro de la República Federal
de Alemania”.
La referencia en esta Constitución, como
en las Constituciones de los Estados federados
de Austria, en cuanto a la fuente del poder
es “el pueblo”, sin apellido alguno. No
hay referencia alguna al pueblo renano o
westfaliano, ni al pueblo carintio o estirio,
o salzburgués en Austria. El pueblo es una
referencia democrática como fuente legitimadora
del poder. Por eso en las referencias
a la Constitución austríaca que se ha ido
desarrollando desde 1920 se habla de los
tres principios constitucionales: el principio
democrático, el principio federal y el principio
del derecho. Según esta comprensión
de la Constitución austríaca, no hay Estado
democrático sin Estado federal ni sin Estado
de Derecho. Todo va ensamblado en uno.
Es necesario tener presente este contexto
para valorar las afirmaciones que sobre estas
cuestiones se encuentran en el documento
de Bases. Llama la atención la referencia
permanente al Sujeto Político Jurídico (SPJ).
Para captar el contenido de este acrónimo
se puede comenzar por tomar en cuenta que
ya en la Base I, en el punto 2 del Preámbulo,
el epígrafe viene con el siguiente título:
Comunidad política. Reconocimiento de su
identidad nacional3. La comunidad política
está en relación con la identidad nacional.
Es cierto que en el desarrollo de este segundo
punto del Preámbulo el documento habla
de un pueblo con identidad socio-cultural
sostenida a lo largo de la historia, pero también
habla de que ese pueblo posee rasgos
políticos propios… y un sentido altamente
compartido de pertenencia a una misma comunidad
política, a una misma nación.
Parece evidente que cuando las Bases
hablan de nación el horizonte de referencia
de ese sustantivo no es el horizonte etnolingüístico,
el horizonte cultural, sino claramente
el horizonte político. Por eso afirma en el
párrafo inicial de este punto 2 del Preámbulo
que “El nuevo estatus político para Araba,
Bizkaia y Gipuzkoa –como parte integrante
de Euskal Herria– será la expresión jurídico-
política de la voluntad democrática de un
pueblo con identidad socio-cultural sostenida
a lo largo de la historia… que, como expresión
de su nacionalidad, (es) depositaria
de una tradición y un derecho a gobernarse
por sí misma, (y) ahora reitera su vocación
de renovarse, proyectándose en todos los
ámbitos de la vida pública”4.
Parece claro que el documento Bases habla
de un pueblo-comunidad política, nación
con derecho a gobernarse por sí mismo y
que se renueva y proyecta en todos los ámbitos
de la vida pública –soberano, pues nada
de la vida pública queda fuera de su derecho
a gobernarse por sí mismo. Existe, pues,
un pueblo, una comunidad política, una nación
política, un derecho a gobernarse por sí
mismo, a lo que hay que añadir que posee
su lengua –el euskera y su cultura propias– y
un sentido altamente compartido de pertenencia
a una misma comunidad política, a
una misma nación…
No parece inadecuado ver en estas afirmaciones
la reducción de la compleja realidad
social, cultural y política, en el sentido
de sentimiento de pertenencia, a uno de los
elementos que la constituyen. Es la referencia
a una única lengua, a una cultura propia
–término que se identifica con la lengua
propia, el euskera–, a un sentimiento de
pertenencia. Por eso puede afirmar el documento:
“El pueblo vasco es nación porque
así lo reconoce e identifica una mayoría de
su ciudadanía y porque, además, cumple
con todos los parámetros establecidos en el
derecho comparado”. Esta frase contiene
un doble argumento: el interno, el que se
basa en la mayoría que reconoce e identifica
que el pueblo vasco es una nación política
con derecho histórico a autodeterminarse,
y el externo, el derecho comparado que
reconoce que lo que reconoce la mayoría
de los vascos es reconocido internacionalmente
como un derecho válido.
Es importante subrayar que, hasta este
momento –momento importante porque
sienta las bases del derecho que le asiste al
pueblo vasco, uno en lengua, cultura y sen-
Las bases para el nuevo estatus como negación de lo exigido por la Ley Vasca de Víctimas
timiento, es decir, el momento en el que se
argumenta la legitimidad del poder político
vasco–, no aparece ninguna referencia a la
Constitución española. Lo dice con claridad
en el tercer párrafo del punto segundo del
Preámbulo: “Euskal Herria es un pueblo con
identidad propia –nótese el singular–, en el
conjunto de los pueblos de Europa…, que
está asentado geográficamente sobre siete
territorios que en la actualidad se encuentran
políticamente articulados en dos Estados europeos
(el español y el francés)”. Es la primera
referencia al contexto político-constitucional
en el que está acomodada la Comunidad
Autónoma de Euskadi. Pero a esta primera
referencia se le antepone la realidad identitaria
del pueblo vasco, encuadrada en el
conjunto de los pueblos de Europa, pero no
en el conjunto de los pueblos de España y
de Europa.
A todo ello se unen unos cuantos elementos
que redondean y consolidan la comprensión
de una realidad histórica, política
y jurídica que está legitimada para constituirse
en una unidad política diferenciada
de cualquier otra. El titular de los derechos
históricos es el pueblo vasco, cuya identidad
nacional fundamenta su reconocida realidad
jurídico-institucional. Unos derechos históricos
con potencialidad de interpretación para
elevarlos a nuevos niveles para el desarrollo
y el blindaje del autogobierno vasco y que
sirven de percha constitucional al pueblo
vasco o Euskal Herria para configurar un
nuevo modelo de relación con el Estado, bilateral,
de respeto y reconocimiento mutuo,
de naturaleza confederal.
La relación bilateral debe ser, según las
Bases, de igual a igual: si España es un Estado
nacional, así lo es también Euskal Herria.
La conclusión es clara: ambos estados nacionales
se confederan para compartir algunas
políticas, como la de defensa y la de la política
exterior –menos la referida a la Unión Europea,
pues en esta Euskal Herria debe tener
representación propia. Una interpretación
de la adicional primera de la Constitución
Española que olvida su segundo párrafo,
en el que se dice que la actualización de los
derechos históricos viene respetada y amparada
en el marco de la Constitución y de los
Estatutos de Autonomía. Al contrario, en esta
interpretación solo se aprovecha el hecho de
la constitucionalización de los derechos históricos
para preparar la rampa de salida del
espacio definido por la propia Constitución.
Por eso utiliza términos como ley fundamental
para referirse a las Bases –con ecos de la
Ley Fundamental de Bonn, la Constitución de
la Alemania federal–, de expresión constitucional,
valor relevante y primario de la decisión
de la ciudadanía vasca, confederación,
estado autónomo vasco, reconocimiento de
ambas partes –Estado, Euskal Herria, Pueblo
vasco– como sujetos políticos no subordinados,
voluntad mayoritaria de la ciudadanía
como valor normativo relevante…5.
Todo ello lo hace con una interpretación
del pluralismo propio de la sociedad vasca
que no conoce el derecho a la libertad de
conciencia –no se cita nunca al hablar de
derechos fundamentales–, pero sí el pluralismo
de otras etnias, como la gitana, el pluralismo
religioso, el pluralismo representado
por las mujeres…, y en ningún caso el de
identidades culturales, ni el de identidades
nacionales, ni el de los sentimientos de pertenencia,
por no hablar del pluralismo más
profundo, aquel que constituye a muchos,
quizá la mayoría de los individuos que com-
ponen la sociedad vasca. La falta de reconocimiento
de la propia plurinacionalidad,
la de Euskal Herria y también la de Euskadi,
da un sentido a la distinción entre ciudadanos
y nacionales que el documento de Bases
deja en el aire sin aclarar el contenido de la
distinción.
Al igual que la Constitución de Baviera
del año 1946 hace referencia al desastre
causado por el régimen nazi –un régimen sin
Dios, ni conciencia, ni respeto a la dignidad
humana, como se dice en su Preámbulo–,
también el documento de Bases en su punto
1.2 de su Preámbulo escribe lo siguiente: “A
lo largo de los últimos cien años, la sociedad
vasca ha sufrido al menos cuatro experiencias
traumáticas marcadas por la violencia:
la Guerra Civil, la dictadura de Franco, el
terrorismo de ETA y los contraterrorismos ilícitos.
Siendo diferentes, los cuatro guardan
un nexo común: el sufrimiento injustamente
padecido y el esfuerzo por construir y defender,
aun en las peores circunstancias,
una convivencia democrática y una sociedad
basada en la defensa de los derechos
humanos, la paz y la libertad”.
Es de notar que el sujeto de ambos párrafos
es la sociedad vasca. Y también es
necesario llamar la atención sobre el hecho
de que el sujeto de la última frase sea el sufrimiento.
Puesto que es la sociedad vasca la
que sufre, es solo la sociedad vasca la que
ha sufrido. Nunca, en ninguna de las cuatro
experiencias traumáticas, la sociedad vasca
ha sido actora del sufrimiento. Solo paciente,
sufridora, sujeto al que se le ha impuesto el
sufrimiento. Por medio de esta operación de
lenguaje desaparecen todos aquellos miembros
de la sociedad vasca que han ejercido
violencia y terror, no existen los vascos que
lucharon con el bando nacional en la guerra
civil, los vascos que en Euskadi ejercieron
violencia contra otros vascos –Gregorio
Balparda, Víctor Pradera, los encarcelados
en la cárcel de Larrínaga bajo mando del
Gobierno Vasco…–, ETA no es algo propio
de la sociedad vasca, un grupo que ejerce
violencia y terror sobre vascos, pero sobre
todo contra vascos que se entienden también
como españoles y también contra españoles
en el resto de España, fuera del País Vasco.
Por lo visto, no hubo vascos que colaboraron
en labores de Gobierno en todos los niveles
durante la dictadura de Franco, ni tampoco
hubo vascos en los contraterrorismos ilícitos.
El sujeto sociedad vasca de los dos párrafos
citados se transforma en su totalidad en
el sujeto sufrimiento y, según el documento
de Bases, de ese sufrimiento injustamente
padecido surge el esfuerzo por construir y
defender, aun en las peores circunstancias,
una convivencia democrática y una sociedad
basada en la defensa de los derechos humanos,
la paz y la libertad.
El sujeto jurídico político vasco queda
limpio de culpa, limpio de sangre, inimputable
en el sufrimiento que, concatenado en
cuatro etapas, ha vivido la sociedad vasca.
Es lo que encierra la frase, escuchada de
niño por quien firma estas líneas y formulada
por un íntimo amigo de la familia: “Joseba,
guk gerra galdu, baino pakea irabazi/
perdimos la guerra, pero ganamos la paz”.
La paz de conciencia, no nos ensuciamos las
manos, nos mantuvimos puros, siempre defendiendo
los derechos humanos, la paz y la
democracia.
Sobre este discurso legitimador del pueblo
vasco como sujeto nacional constituyen-
Las bases para el nuevo estatus como negación de lo exigido por la Ley Vasca de Víctimas
te, confundiendo en el mejor de los casos a
nacionalistas con pueblo vasco, se asientan
las Bases, aunque no se cite ninguna vez la
libertad de conciencia, aunque en ninguna
línea se dé a entender que según las Bases
el sujeto jurídico político omnipresente en
todo el documento sea plurinacional, plural
en sus identidades, en sus lenguas y culturas,
en sus sentimientos de pertenencia, en
sus formas de ver, entender y vivir la misma
sociedad vasca. Y de ese ocultamiento del
pluralismo que caracteriza a la sociedad
vasca, ahora y en el pasado citado de las
cuatro experiencias traumáticas, se abre
la posibilidad de acordar estas Bases que
se parecen demasiado al proyecto político
perseguido por ETA con violencia y terror.
Medios que se pusieron al servicio de un
fin parecido al articulado en estas Bases.
Violencia y terror para negar la libertad de
conciencia de los vascos diferentes, liquidándolos
para posibilitar este futuro de homogeneidad
en el sentimiento de pertenencia
en el que se sustenta todo el documento.
¿Es compatible esta visión del futuro político
de la sociedad vasca con el contenido de
la Ley de Víctimas del Terrorismo –4/2008,
de 19 de junio– aprobada por unanimidad
del Parlamento Vasco, menos por los representantes
de los Comunistas de las Tierras
vascas (sustitutos de la ilegalizada Herri Batasuna)?
En el preámbulo de dicha ley quedan
claros los principios interpretativos de su
conjunto. Dice así: “Las acciones de ETA no
son casuales, ni sus objetivos y estrategias
son fruto del azar o la improvisación. Ante
la imposibilidad de establecer por vías pacíficas
su proyecto totalitario y excluyente,
pretenden imponerlo a través del ejercicio
de la violencia terrorista, utilizando la sangre
de personas inocentes, las víctimas, para
aterrorizar al conjunto de la ciudadanía buscando
su desistimiento”.
En estas líneas la Ley de Víctimas afirma
que ETA actúa con intencionalidad y finalidad,
para imponer su proyecto totalitario
y excluyente. ¿Por qué es totalitario y excluyente?
Porque niega el pluralismo de la
sociedad vasca, de los ciudadanos vascos.
ETA tiene que imponer su proyecto, pues
no es compartido por muchos vascos que
se sienten vascos sin ser nacionalistas radicales,
sintiéndose también españoles. El
proyecto de ETA excluye a estos vascos. Es
preciso eliminarlos. Y su eliminación tiene
por finalidad aterrorizar al conjunto de
la ciudadanía buscando su desistimiento,
para que acepte ser lo que no quiere ser,
renunciando a una sociedad plurinacional,
plural en su identidad cada ciudadano y
plural la sociedad en sus identidades, en
sus lenguas, plural en sus culturas, plural en
sus sentimientos de pertenencia.
Dado que la libertad de conciencia en su
traslación actual de libertad de identidad,
de sentimiento de pertenencia, es el primer
y fundamental derecho de cada ciudadano,
nos hallamos ante una cuestión eminentemente
política. Se trata de la negación por
ETA de la matriz de todas las libertades
fundamentales cuya garantía es la función
primordial del Estado de Derecho. Negando
la pluralidad identitaria y de sentimiento de
pertenencia de los ciudadanos vascos ETA
proyecta una institucionalización política
de la sociedad vasca negadora en su raíz
del principio de Estado de Derecho, que
consiste en la sumisión de la voluntad del
pueblo al imperio del Derecho, es decir, al
reconocimiento y garantía de la libertad de
conciencia, de identidad y de sentimiento de
pertenencia.
Por esta razón en el articulado de la Ley
se afirma, en su artículo 8, punto 2: “Igualmente,
el derecho a la memoria tendrá como
elemento esencial el significado político de
las víctimas del terrorismo, que se concreta
en la defensa de todo aquello que el terrorismo
pretende eliminar para imponer su
proyecto totalitario y excluyente: las libertades
encarnadas en el Estado democrático de
derecho y el derecho de la ciudadanía a una
convivencia integradora”6.
¿Qué es, pues, lo que el terrorismo pretende
eliminar?, ¿en qué consiste su proyecto
totalitario y excluyente? El terrorismo ha pretendido
eliminar la institución del Estatuto de
Gernika como acuerdo entre diferentes, ha
pretendido destruir la Constitución española
del 78, la que convierte a la sociedad española,
con la vasca incluida, en comunidad
política constituida en derecho al someter la
soberanía del pueblo español, el vasco incluido,
al imperio del derecho. Ha causado
un daño todavía incalculable al Estado de
Derecho que es España y que es la garantía
de los derechos y libertades fundamentales
de los ciudadanos españoles, los vascos
incluidos. Y para conseguir esos fines ha
asesinado y dejado heridos y mutilados a
ciudadanos españoles, muchos de ellos vascos,
pero también del resto de España, los
ha instituido como víctimas y con ellas a sus
familiares. Ha asesinado mayoritariamente
a personas que representaban al Estado, a
España, pero también a sospechosos, a sus
ojos, de colaborar con el gobierno español,
ha asesinado a personas reconocidas por su
defensa del sentimiento de pertenencia a la
sociedad vasca y a la española de forma simultánea,
sin contradicciones, ha asesinado
la libertad de identidad y de sentimiento de
pertenencia, siendo ambas formas importantes
de libertad de conciencia.
Y todo ello en función de un proyecto político
para la sociedad vasca en la que solo
cabe una forma exclusiva de ser vasco, la de
los nacionalistas radicales de PNV/BILDU,
para quienes la sociedad vasca será homogénea
en su identidad y en su forma de ver,
vivir y sentir el pueblo vasco, o dejará de
ser. España es un país opresor del pueblo
vasco y, como escribió José Antonio Etxebarrieta
Ortiz en Los vientos favorables7, poco
importa que el país ocupante u opresor sea
una dictadura, una monarquía parlamentaria
o una democracia. Además de ocupante
y opresor, España y lo español son agentes
de desnacionalización. Y contra la desnacionalización
el terrorismo de ETA, como
el resto del nacionalismo, apuestan por la
construcción nacional, cuyo fundamento es
que existe lo que aún es preciso construir,
pues, porque existe ya, la construcción es
debida y porque se está construyendo, existe
(garena izateko bidean8). En eso consiste la
permanente reclamación del reconocimiento
del pueblo vasco como nación.
Los elementos nucleares de las Bases
acordadas por PNV y BILDU que han quedado
reflejados en la primera parte de este
trabajo dan por hecho que existe la homogeneidad
aún en construcción y que esa homogeneidad
en el sentimiento de pertenencia
requiere dar un paso más en la construcción
nacional que es el paso a la estatalidad propia,
un paso a la igualdad con el Estado nacional
español, igualdad sin subordinación.
Como expresa una exigencia permanente
articulada por Joseba Egibar: ellos, los no
Las bases para el nuevo estatus como negación de lo exigido por la Ley Vasca de Víctimas
nacionalistas, los vascos que se sienten también
españoles, ya tienen su Estado; ahora
nosotros reclamamos el nuestro. Es decir:
Euskadi es Estado nacional como lo es España
y la relación entre ambas entidades es
una de igualdad, de no subordinación, que
solo admite una forma confederal: acordar
trabajar juntos en algunas cuestiones funcionales,
pero siempre sin que ello suponga
subordinación alguna o renuncia a la igual
soberanía del pueblo vasco junto a la del
pueblo español, dos entidades diferentes,
separadas e igualmente soberanas. Por eso
el pueblo vasco necesitaría su propia Constitución,
pues su poder emana no de la constitución
española, sino de la especificidad
institucional histórica propia.
Este es, si no en su totalidad, sí en sus
elementos nucleares, el proyecto por el que
ETA ha asesinado, ha ejercido el terror. Y
este proyecto de las Bases implica negación
de la libertad de conciencia, negación de
la libertad de identidad, negación del sentimiento
de pertenencia, negación del pluralismo
estructural de la sociedad vasca, del
pueblo vasco, negación de la democracia,
negación a posteriori de la historia de terror
de ETA. La Ley de Víctimas aprobada
por el Parlamento Vasco en 2008 afirmaba
con claridad que el proyecto de futuro político
de la sociedad vasca no podría estar
fundamentado en un proyecto como el de
ETA, excluyente y totalitario. Lo que PNV y
BILDU intentan con estas Bases acordadas
entre ambas organizaciones políticas está
radicalmente en contra de lo que dice y en
contra de lo que obliga la Ley vasca de Víctimas
del Terrorismo.
NOTAS
1 Traducción propia.
2 Traducción propia, subrayado también.
3 En negrilla en el original.
4 Subrayado propio.
5 En el apartado Sujeto jurídico-político. Derecho a decidir de la Base II.- Título Preliminar, se dice lo
siguiente: “Los ciudadanos y ciudadanas de los territorios vascos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, como
parte integrante de Euskal Herria, a la que se reconoce su identidad nacional, constituyen, en el ejercicio
del derecho a decidir libre y democráticamente, su propio marco de organización y relaciones políticas,
el sujeto jurídico político constituyente de…” (el párrafo con puntos suspensivos queda así en el propio
documento de Bases).
Lo que dice el documento de Bases se parece mucho a lo que afirma el Preámbulo de la Ley Fundamental-
Constitución de Alemania: “Animados por la voluntad de servicio a la paz del mundo como miembro
de pleno derecho en una Europa unida, el pueblo alemán, por la fuerza de su poder constituyente,
se ha dado esta Ley Fundamental.
Los alemanes en los Estados-Länder –se citan todos por orden alfabético– han completado en libre
autodeterminación la Unidad y la Libertad de Alemania. Con ello, esta Ley Fundamental vale para todo
el pueblo alemán”.
Por otra parte, para poder dotar al nuevo Estatus de categoría de Constitución, dedica el documento
Bases tanto espacio a los aparatados referidos a los Derechos Fundamentales y otros derechos sociales,
económicos y culturales. Es ilustrativa la comparación con la Constitución ya citada del NRW de la República
Federal de Alemania. Dice así en su Parte II, De los Derechos Fundamentales y de la Regulación de
la Convivencia, Primer Apartado-De los Derechos Fundamentales, Artículo 4, (1): “Los Derechos fundamentales
y los Derechos civiles fijados en la Ley Fundamental del 23 de mayo de 1949 para la República
Federal de Alemania son parte constitutiva de esta Constitución y directamente Derecho estatal (de Land)
vigente”. (Traducción propia).
6 Subrayado propio.
7 José Antonio Etxebarrieta Ortiz, Los vientos favorables. Euskal Herria 1839-1959, Txalaparta, Tafalla,
1999.
8 En camino a ser lo que somos: eslogan de la pancarta que colgó durante semanas hace algunos
años en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV-EHU en Lejona.



Post a new comment