ENTREVISTA A ROANE CAREY,PERIODISTA DE THE NATION

junio 21, 2019

LOURDES PÉREZ

Roane Carey es uno de los periodistas más influyentes en la actualidad. Como periodista y redactor-jefe de The Nation ha seguido todos los sucesos de la vida política estadounidense. Es crítico con su país y crítico con la política que su aliado Israel está desarrollando en Oriente Medio. Destacan los siguientes libros, en los que ha participado, como autor o editor: The New Intifada (libro recomendado por Noam Chomsky) o El otro Israel: Voces de rechazo y disidencia (Madrid, Editorial Popular) son prueba de ello.

-El triunfo de Donald Trump puso a prueba a los grandes medios de comunicación. Ganó, pese a que ese no era el pronóstico.

Las elecciones norteamericanas de 2016 fueron un shock en muchos sentidos, para mí como editor de The Nation, pero creo que también para el país. Cuando Trump anunció su candidatura a la Presidencia por primera vez, la mayor parte de la gente lo contempló casi como una broma. Y los principales medios de comunicación no lo tomaron en serio, igual que yo tampoco me tomé en serio la participación de Bernie Sanders. Todos asumimos que los candidatos iban a ser Hilary Clinton y Jeb Bush; y a Trump se le veía como una especie de interludio cómico.

-Pero no fue así.

Pero creo que los principales medios de comunicación no entendieron la profundidad de la ira que el público en general sentía contra el sistema político en su conjunto, la frustración del público contra todos los principales políticos, la ira ante el hecho de que nunca se hubiera abordado de verdad la crisis económica que comenzó en 2008. Había una ira tremenda ante la desigualdad creciente, la sensación de que a los políticos en realidad no les importaba lo que estaba viviendo la mayoría de estadounidenses. Y la élite a menudo ridiculiza a Trump como alguien que no es serio. Y es cierto, es ignorante, no está informado, no sabe nada de Historia. Pero está muy seguro en un aspecto en el que creo que todos los demagogos se muestran seguros, y es que tenía una especie de comprensión intuitiva de cómo conseguir el apoyo de la gente, además de entender esos fallos cruciales de la política estadounidense que los partidos principales no eran capaces de gestionar. Y lo que quiero decir con esto es que él entendía por qué las bases del Partido Republicano, la gente común que apoyaba al Partido Republicano, desde la base, estaba frustrada con sus propios líderes.

-¿Cuál es la razón de ese cambio?

La dirección del Partido Republicano siempre se ha ocupado fundamentalmente de proteger la dominación de la sociedad por parte de los muy ricos: el 0,5-1% con más riqueza. Y han sido muy listos en los últimos 30 o 40 años, fingiendo que apoyaban a la mayoría de los norteamericanos y usando temas como el derecho a poseer armas o el conservadurismo social cristiano o el racismo para desviar la atención del hecho de que en realidad sólo apoyan los intereses de una minoría minúscula. La crisis económica sacó a la luz esa división de clases dentro del Partido Republicano. Y Donald Trump lo entendía, lo entendía de una forma en la que ningún otro político republicano lo hacía.
Así que cuando se presentó al cargo fue interesante, dijo algunas cosas que ningún otro político republicano había dicho en años recientes. Dijo: “Voy a proteger la seguridad social y la atención sanitaria”, que es algo que la mayoría de los republicanos no decían. Criticó lo peor de la acción de EE.UU. en el extranjero, dijo que la guerra de Irak había sido un error terrible; ningún otro político lo había dicho. Donald Trump criticó a George W. Bush. Y también, y este es el aspecto más peligroso de su candidatura, entendió que una forma de ganar apoyo es demonizar a la gente más débil, así que atacó a los inmigrantes y atacó a los extranjeros. Y resultó una combinación mortal pero también muy efectiva; y por eso sorprendió a tanta gente, porque no se parecía en nada a ningún otro político y fue una irrupción en nuestro sistema que no habíamos vivido antes.

-¿El populismo de Trump se ha hecho contagioso?

Las elecciones de 2016 vieron un auge del populismo como fuerza poderosísima de la política de los EE.UU., que no habíamos visto en… diría que en 70 años por lo menos. Y lo mismo es válido para la otra parte con Bernie Sanders. Bernie Sanders fue un shock para el sistema demócrata, porque cuando anunció su candidatura, no creo que nadie esperara que fuera a ninguna parte. Pensaron que iba a tener una influencia menor en las elecciones, desde luego no tan grande como la de Ralph Nader en 2000.
Pero Bernie Sanders también entendía algo del Partido Demócrata que los principales políticos demócratas no habían afrontado; es que sabía que la dirección del Partido Demócrata estaba completamente sometida, no completamente, pero, en gran medida, sometida a intereses muy poderosos, a Wall Street, a las corporaciones estadounidenses al igual que el Partido Republicano; y Bernie Sanders entendía que esto enfurecía al público en general, que la desigualdad lo indignaba y que quería un nuevo tipo de política. Y por eso Sanders fue un shock tal para Hilary Clinton, contra quien no se esperaba oposición.
Donald Trump y Bernie Sanders sorprendieron a los medios de comunicación, que no entendieron que podían ser oponentes serios porque los medios de comunicación también habían perdido el contacto con el sentir general y el pœblico estadounidense. Y cuando digo los medios de comunicación me refiero a los principales, a los medios de comunicación del poder.

-¿Esos medios de comunicación han perdido la percepción de la realidad? ¿Cuál es la realidad de los medios?

Los medios de comunicación cada vez son más una élite en sí misma, no están en contacto con el sufrimiento de los estadounidenses ordinarios. Los medios de comunicación principales están cada vez más centrados en Washington y en quienes ostentan el poder. Y no creo que los medios de comunicación entendieran nunca la profundidad de la ira que sentía la gente después del colapso económico, y, por eso, no comprendieron la importancia del desafío de Sanders desde la izquierda; o del desafío de Trump, desde la derecha.
También creo que hay que entender algo sobre nuestros medios de comunicación. Los medios de comunicación de EE.UU. están en crisis y es una crisis que lleva desarrollándose por lo menos unos 30 años. Y, en parte, es una crisis del neoliberalismo, de la forma en la que funciona el capitalismo estadounidense. Y lo que quiero decir con eso es que en algún momento de los ‘70 u ‘80 se inició una creciente concentración de medios de comunicación, se dieron fusiones y adquisiciones y absorciones, así que cada vez hay más control monopolístico de los mayores medios de comunicación en EE.UU. Y también hay cada vez más medios de comunicación controlados por Wall Street en lugar de periódicos de propiedad privada.
Así que tenemos conglomerados controlando cada vez más periódicos y cada vez más cadenas de televisión. Y responden a un único interés, el del accionariado y los beneficios de Wall Street, que cada vez demandan más a los medios de comunicación que ganen dinero y no hagan nada más.
Así que las noticias en sí mismas han pasado a no ser tan importantes para las empresas que, en realidad, controlan a las personas que dan las noticias. Y lo que han hecho es simplemente cerrar periódicos. Y hemos perdido cientos de periódicos; creo que son cientos de periódicos en los últimos 20 o 30 años, así que realmente ahora se hace menos periodismo, cada vez hay más periodistas que pierden su trabajo, el periodismo profesional está en crisis.

-Y, sin embargo, da la impresión de nunca se ha consumido tanta información como ahora.

Junto a ese cambio económico ha llegado lo que yo llamaría una especie de revolución de derechas que empezó en los ‘70 como respuesta a todos los movimientos de liberación y similares de los ‘60: el movimiento pacifista, el movimiento contra la guerra de Vietnam, el movimiento por los derechos civiles, justicia para los afroestadounidenses, el movimiento por los derechos de la mujer, el movimiento por los derechos del colectivo gay; todos estos movimientos, y el movimiento sindical, todos estos movimientos de los ‘60 desafiaron el control corporativo de EE.UU.
Y a principios de los ‘70, las corporaciones estadounidenses iniciaron un contraataque, y parte de ese contraataque fue transformar completamente los medios de comunicación y convertirlos en una criatura de la derecha.
Y ha sido una transformación a largo plazo, pero el resultado actual es que la cadena de televisión dominante es muy de derechas, la mayoría de las emisoras de radio, la radio hablada, está dominada por voces de extrema derecha, el tipo de locutores que nunca habíamos tenido antes de los ‘80, gente como Rose y Bell, Glenn Beck, ese tipo de locutores, las noticias de la Fox con Bill O’Reilly, son ultraconservadores. Todo el espectro de la política estadounidense se ha desplazado hacia la extrema derecha y domina los medios de comunicación. Y así, el periodismo inteligente, crítico, objetivo, de investigación tiene cada vez menos voz entre el público estadounidense.
Durante décadas, la publicidad podía financiar los periódicos y eso ya no es así. La publicidad ya no está interesada en producir las noticias porque no dan dinero, el entretenimiento da dinero. Las noticias no dan dinero, por lo tanto las noticias han dejado de ser importantes, por lo menos para la televisión. Y los periódicos están desapareciendo porque la publicidad ha dejado los periódicos, la publicidad ha abandonado los periódicos.
Así que la cuestión ha pasado a ser cómo podemos reavivar el periodismo profesional en EE.UU. El hecho es que un proyecto de periodismo comercial lucrativo simplemente ya no es viable. As’ que esencialmente necesitamos un periodismo del pueblo, un periodismo democrático. Y de las diferentes formas en las que esto puede hacerse, las empresas sin ánimo de lucro pueden empezar a hacer periodismo, y algunas lo han hecho, y esto es prometedor en algunos aspectos, pero no pueden hacer todo el trabajo. Tienes que tener un sistema en el que la gente se pueda ganar la vida haciendo periodismo de investigación profesional y hay que pagarles para que puedan hacer ese trabajo y es muy difícil encontrar formas de hacerlo.

-¿Cómo se revierte esa situación que describe?

Hay una forma muy prometedora de reavivar el periodismo que, de hecho, es volver a algo con lo que empezó el país, hace 200 años, hace 250 años. Cuando los Estados Unidos comenzaban, los Padres Fundadores entendieron que una democracia tenía que tener una ciudadanía informada. Si no tienes una ciudadanía informada, no puedes tener democracia. Así, lo que hicieron, y cuando hablo de los Padres Fundadores, me refiero a George Washington, Thomas Jefferson, James Madison…; todas estas personas entendieron que tener periódicos era crucial, tener información, información buena y honesta para el público era crucial, así que subvencionaron los periódicos.
Los periódicos no tenían que pagar tarifas postales y el gobierno también les daba subvenciones, subvenciones enormes, de hecho. Y esto duró aproximadamente de 1800 a 1840, más o menos. Había, creo, docenas y docenas de periódicos subvencionados por el gobierno; no tenían que pagar tarifas postales, lo que es bastante extraordinario si lo piensas, pero los Fundadores entendieron que la democracia no es posible sin un público informado, así que lo hicieron así.
Bien, esto empezó a desaparecer hacia 1850, 1860 y luego se dieron cambios diferentes en el periodismo, pero creo que a lo que tenemos que volver ahora en EE.UU. es a la comprensión de que nosotros, colectivamente, como pueblo, tenemos que pagar y financiar el periodismo a través de nuestro gobierno, porque no puedes tener una sociedad democrática sin una ciudadanía informada.

-La idea de subvencionar públicamente a los medios es una tesis que entre nosotros chirría.

La mayoría de los estadounidenses, si se preguntara hoy si el periodismo debería estar subvencionado por el gobierno, dirían “no, eso es una locura”, porque cuando los gobiernos pagan por el periodismo, los periodistas básicamente reflejan la visión del gobierno. La forma de enfocar esto es que se puede hacer que el gobierno financie la televisión pública o dar subvenciones a los periódicos y, sin embargo, tener también una frontera muy estricta entre la subvención y los propios contenidos. El gobierno puede financiar el periodismo sin implicarse en manera alguna en la producción de los contenidos.
Un buen ejemplo de esto está en Gran Bretaña: la BBC está financiada completamente con fondos públicos. Y en Dinamarca, en Finlandia y en muchos países europeos encontramos enormes subvenciones gubernamentales para las noticias públicas y el periodismo público. Y, sin embargo, no interfieren con los contenidos de dicho periodismo y son noticias de una calidad excelente. La gente ve la BBC en todo el mundo, está financiada por los contribuyentes británicos, es completamente pública y sin embargo es un periodismo excelente. Así que hay un modelo de periodismo y producción de noticias democrático y subvencionado por el gobierno quien no obstante no interfiere en los contenidos.

– Pero existiría un riesgo para la independencia de la Prensa.

Creo que nosotros, los estadounidenses, tenemos que entender que esto no es una amenaza, no sería una amenaza para la libertad, en realidad sería de gran ayuda a la hora de informar al público.
Ahora hay otro problema. Mucha gente cree, especialmente en la era de internet, que todo debería ser gratuito. Hay un dicho en internet, de cuando este fenómeno empezaba: “La información quiere ser libre”. Y especialmente entre la generación más joven se piensa que no se debería pagar por las noticias, por acceder a la información.
Lo que la gente necesita saber es que la clase más importante de noticias que necesita una sociedad democrática son las noticias sobre lo que está haciendo la gente que está en el poder. Y para producir noticias de ese tipo necesitas gente con dedicación plena, que pasen toda su vida profesional investigando y tratando de destapar lo que están haciendo los gobiernos; porque la gente que está en el poder tiene una tendencia intrínseca a la corrupción si el público no les pide responsabilidades. Por eso, hace falta un control público de lo que están haciendo las personas del gobierno y de lo que están haciendo las personas que tienen poder en el mundo de los negocios.
Y si no tienes periodistas profesionales dedicados a hacer eso, no vas a descubrir lo que están haciendo y la corrupción irá en aumento y habrá una gran tendencia a la tiranía. Y la única forma de descubrir lo que están haciendo estas personas que están en el poder es tener profesionales a tiempo completo que dediquen su vida a hacer esto. En otras palabras, tienes que pagar este servicio. La ciudadanía normal no tiene el tiempo ni los medios para hacerlo. Si no tienes periodistas profesionales con dedicación plena cuyo trabajo sea vigilar a quienes están en el poder, todo lo que vamos a conseguir es entretenimiento, pan y circo, muchas noticias sobre deportes, muchas noticias sobre espectáculos, y la gente en el poder hará todo lo posible para evitar que el público vea lo que están haciendo.

-¿Qué papel juegan las redes sociales en este contexto de crisis?

Las redes sociales son un arma de doble filo porque, en cierto modo, son una forma increíblemente seductora de comunicación entre ciudadanos/as y una forma extraordinaria de hacer llegar la información sobre noticias de última hora. Twitter y Facebook tienen ese aura de conexión directa entre la gente.
ero el hecho es que también hay algo peligroso en las redes sociales y es que la forma en la que recibimos las noticias en nuestro canal web o en Facebook está completamente velada al público. Se determina mediante un algoritmo que sólo conoce la gente de Facebook, que nosotros, el público, no conocemos.
Y más aún, se controla a la gente que utiliza Twitter y Facebook; todo lo que hacen está controlado electrónicamente y controlado de cerca. Se controlan todos nuestros clics, todo lo que vemos, y se da a publicistas, para que puedan ver lo que hacemos, para que puedan vendernos cosas. Y en cierto modo, las redes sociales son el tipo de estado de vigilancia que sólo Goebbels y Hitler podían haber soñado. Algunas personas han dicho que la Stasi de la Europa del Este fue el sistema político más vigilado de la historia, porque tenían espías vigilando cada pueblo, cada ciudad, cada familia, pero gente que trabajó para la Stasi ha dicho que la Agencia de Seguridad Nacional de los EE.UU. en realidad espía más de lo que ellos nunca fueron capaces de hacer, por las posibilidades que da la vigilancia electrónica y digital de ver lo que la gente está haciendo. Así que creo que la gente que vive en una sociedad democrática en cualquier lugar, en EE.UU. o en cualquier otro lugar, necesita ser muy consciente de la posibilidad de que nos sean sólo los gobiernos los que vigilan todo lo que hacemos y vemos en nuestros iPhones, sino que las grandes empresas también vigilan todo lo que hacemos para poder vendernos cosas, para poder dirigirnos en determinadas direcciones.
Y una combinación muy peligrosa es que los políticos, al menos en EE.UU., están usando la experiencia de las redes sociales para vigilar a los votantes, para identificar ciudadanos/as que puedan votar en una determinada dirección o en otra y para poder adaptar sus mensajes políticos a cada persona individualmente. Así que, en cierta manera, ya estamos viviendo en una especie de estado de vigilancia a lo 1984 y no somos conscientes de ello de verdad.

-¿Es la postverdad un fenómeno verdaderamente nuevo o, en realidad, estamos ante la propaganda de siempre solo que por otros cauces más tecnificados?

Se dice comúnmente que vivimos en la era de la política posverdad, o de las noticias posverdad. En un sentido, no creo que haya nada nuevo en esa idea; la posverdad sólo es otra forma de llamar a la propaganda y la propaganda siempre ha existido, siempre hemos tenido políticos que mentían. Pero lo que es específico de hoy en día, al menos en la política estadounidense, es que tenemos un sistema en el que el periodismo formal y los medios de comunicación principales se han debilitado tanto y se han cerrado tantos periódicos y la televisión ha acabado tan dominada por el control corporativo y ha acabado tan polarizada, que el público en general no tiene la sensación de que se puede fiar de lo que está escuchando. No hay una especie de grupo central creíble, ni de cadenas de televisión ni de periódicos, que el público en su conjunto más amplio se crea.
Se separa a la gente en diferentes esferas ideológicas; y así tienes gente de derechas que sólo ve las noticias de la Fox y tienes gente de izquierdas, o liberales que sólo ven, por ejemplo, MSNBC y gente de izquierdas que sólo ve Democracy Now. Y luego está el público en general, que está completamente fuera, que en general no ve ningún telediario ni se entera de las noticias excepto las que le llegan por las redes sociales, por su canal de Twitter por ejemplo.
Tenemos el auge de organizaciones extremistas, como Breitbart News, que lanza propaganda peligrosa, propaganda racista que culpa de todos los problemas de los EE.UU. a los inmigrantes de América Latina, a los musulmanes, un aumento del racismo que vimos recientemente en Charlottesville, cuando vimos neonazis manifestándose en Charlottesville. Y lo más perturbador de esto es que tenemos un Presidente que, de hecho, se negó a criticar directamente a estos extremistas.
Así que, en ese sentido, la idea de que ahora vivimos en una política posverdad es que tenemos un presidente, el político con más poder del país, que ataca repetidamente no sólo determinados periódicos o a determinados periodistas, sino que tenemos un presidente que ataca la idea misma del periodismo. Y eso es peligroso, porque lo que quiere decir es que el político con más poder del país no quiere que el público reciba información de ninguna fuente independiente y no quiere que se difunda ninguna noticia que vaya en contra de lo que él dice. Y esa es una de las recetas de la tiranía.
Así que creo que cualquiera a quien le importe la democracia ahora tiene que estar bastante preocupado/a por la dirección que estamos tomando.



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