POEMAS

junio 19, 2019

XUAN BELLO

MEMORIA
Namás t’alcuerdes
del aire verde ente les fueyes del ablanu,
la mano escaceyando l’allegría
de ser nenu siempre,
una tarde y otra,
pos el tiempu inda nin esistía y la muerte
-la muerte yera una columna eléctrica
onde posaben, solemnes, los páxaros.

MEMORIA
Tan sólo recuerdas
el aire verde entre las hojas de los avellanos,
la mano pellizcando la alegría
de ser niño siempre,
una tarde y otra,
pues el tiempo no existía todavía y la muerte
-la muerte era una columna eléctrica
donde se posaban,solemnes ,los pájaros.

EL TREN
Travieses la nueche y una vida en ruina
a una velocidá que nun ha pasar,
calculo, de los cientu venti.
Aquel tren inda traqueteaba,
muncho más espacio
inda agora’l to corazón
escuerre pelo escuro vieyos suaños
d’aquel mozu tímidu
y acabante salir d’una buria provincia
que nunca abandonaría.
A les ocho marcharas de la estación,
el pasaporte preparáu
y la pesada maleta arrastrándola
per gastaos pasillos de lluces enfermes.
A les nueve indiferente miraras
como s’encendíen, una a una,
solitaries bombilles qu’apagaben la nueche.
A les diez, per baxo duna ponte,
un ríu cruciaba mansu, duce, ensin querer,
ensin saber que na agua llevaba
el rellumu de la lluna. A les once,
na posa d’Alpedrinha-a-Nova
subiera ella.
Ella, qu’ensin sabelo yera
la promesa d’una nueva tierra atopada.
Podíes fala-y -xusto sienta enfrente tuyo-,
dici-y palabres que la enredaran
a modo unes hores a la to existencia.
Pero nun t’atreves, ciarres los güeyos
faciéndote’l durmíu y ella
queda dientro tuyo, ya pa siempre
nun tren hai diez años camín de Coimbra.
EL TREN
Atraviesas la noche y una vida en ruinas
a una velocidad que no pasará,
calculo, de los ciento veinte.
Aquel tren aún traqueteaba,
todavía mi corazón persigue ahora
en lo oscuro viejos sueños
de aquel joven tímido recién salido
de una negra provincia
que nunca abandonaría.
A las ocho saliste de la estación,
el pasaporte preparado
y arrastrando la pesada maleta
por gastados pasillos de luces enfermas.
A las nueve indiferente miraste
cómo se encendían, una a una,
solitarias bombillas que apagaban la noche.
A las diez por debajo de un puente
un río cruzaba manso, tranquilo,
sin saber que en su agua llevaba
el reflejo de la luna. A las once,
en el apeadero de Alpedrinha,
subió ella.
Ella, que sin saberlo era
como la promesa de una
nueva tierra encontrada.
Podrías hablarle -se sienta justo enfrente-
decirle palabras que la enredaran
lentamente unas horas a tu existencia.
Pero no te atreves, cierras los ojos
haciéndote el dormido y ella
se queda dentro de ti, ya para siempre
en un tren hace diez años camino de Coimbra

LA INQUIETUD QUE NOS QUEMA
Al principio estaba muy solo. Mi alma era
una isla rodeada por mujeres y yo quería
hablar con mi padre. A los catorce años
el mar es algo importante; suéñese ser
grumete o capitán, lo que se quiere,
las manos en el timón que tiembla,
es oír el canto de la sirena. Presentimiento
de Nausicaa acaso; pero sobre todo
la seguridad de tener un cómplice
ante la perplejidad. Te hablaría
de las interminables noches mirando la luna
de la literatura. Pero no buscaba, padre,
que a mi soledad le diesen la razón.
Te buscaba a ti, que estabas solo, y sólo quería
un gesto que nos hiciese iguales. Muerto
ya sabes lo que es mirarse en el espejo de la nada
y tus manos de viña crecen en el secreto
que nos consume. Padre, te lo voy a contar todo:
te quería y a huir aprendí por veredas
que aún no acierto.
Tenía catorce años cuando dejé
de hablarte. Tampoco tú a mí te dirigiste
con la reverencia que se debe a quien de si depende.
O tal vez sí, y no te entendí, y esta carta,
que le envío al silencio de tu ausencia,
sea una torpeza más de un niño consentido.

Padre: nunca hemos hablado.
Padre: te lo voy a contar todo.

Al principio, ¿recuerdas?, estaba muy solo:
el resquicio de la puerta donde el ojo acechaba,
la caricia brusca y la seguridad de que no había
donde agarrarse. Escuchaba a Janis Joplin
como si comulgara con un Dios que creía en mí.
Aprendí a pasar desapercibido escribiendo
y pronto comprobé que nada hay más efectivo
para ocultar un secreto que escribirlo en un libro.
Escribir, escribir: fingir que tengo
una vida más alta. Eso ha sido mi vida
en estos años últimos. Y sin embargo, Padre,
te tengo que confiar dos cosas:
la primera es que muchas veces la vida se parece
a lo que he escrito; la segunda, cosa extraña,
es que el pasado escrito, finalmente, florece en la memoria
y el rosal que no se marchita araña
con su tela de araña la realidad.
Padre,
padre mío: cómo me duele que te hayas muerto
sin decirte que era lunes y agosto y París encendida;
cómo me duele no haberte dicho,
en el rincón oscuro de la bodega,
cuánto me gustan las mujeres.
Padre, ten paciencia:
éste es el cuento que le cuento a tus huesos calcinados.
A no oírnos ya estamos acostumbrados
pero qué quieres que te diga:
no me basta con soñar contigo a veces
en la noche que aúlla como un lobo.
No me basta con tenerte cerca, aquí, por dentro.
Quiero estrecharte la mano; quiero que me abraces
y me lleves al mar, al mar que se reserva
al primogénito. Mar de viñas
los de tu tierra, mar quemado
los de tus ojos.
Llévame allí, Padre, y dime
lo que ahora sé y entonces ni intuía:
hermanos somos en la inquietud que nos quema.

EL AROMA DEL OLVIDO
(Traducción de Felipe Juaristi)

Posiblemente estés allí, en otra casa sin duda
muy cerca de la Calle del Pez, donde vivías,
pero con la misma apostura,
escurridiza y elegante, de siempre.
Posiblemente estés a solas, la luz adecuada proyectándose
sobre el mantel amarillo y una colilla apagándose en el cenicero.
A veces pensarás en mí, como yo pienso hoy en ti, y espantarás
con una sonrisa el recuerdo que se acastilla
en una nube que pasa y desaparece de repente..
Posiblemente ya sepas que el aroma del olvido
es tan real que nubla la memoria. Posiblemente.
Miro en mi memoria tus manos nerviosas
recogiendo con cuidado las migajas del mantel,
tu forma de coger el porro por el rabo del humo
y ofrecerme, con la copa de vino, una última novedad:
<>, respondería yo si me atreviera
a ser algo más que un hombre que se arruga en la inquietud
de que no lo respeten. Porque si algo aprendimos en aquel tiempo,
en aquellas tardes de inconstancia que se repetían puntuales,
fue a conjugar los verbos irregulares de la existencia;
abusamos del comentario inteligente, la infignación por el mundo
trastocada en ironía fue tantas veces un escudo
donde nos cobijábamos casi tímidos.
Nos amamos quizás a veces y no
-como en aquel verso tuyo que tanto me gustaba-
en la admiración mutua de saberse inaccesibles
y odiarse a veces mucho en una lengua que desaparecía.
No sé, como tú proponías, si había que tener muchas
para tener una vida entera, cuidada, a salvo por fin
de las miradas de la desolación. Ahora queda
este recuerdo silencioso (llámalo conciencia si te gusta)
que no condesciende a bajar la mirada cuando le preguntan.
Una vida más alta soñé en la tuya que habías vivido,
una vida más alta entre sobresaltos que iba viviendo
mientras tu, parpadeando de escepticismo, acudías a la copla
para explicarme y explicarte en el fracaso milagroso del vivir.
< falsedad bien ensayada, estudiado simulacro>>.
Nos herimos como sólo se hiere
quien es leal hasta el límite de no querer
herir más que lo justo y un poco más por si acaso.
Te cansaste de ti, te cansaste de mí,
lo entiendo ahora en la seguridad de que vaya
donde vaya aún un pensamiento tuyo va conmigo
señalando el vacío de la nada, el pozo negro de la memoria
que de nada nos redime; aunque no te miento si te digo
que ahora mismo daba la vida por estar, cara a cara,
charlando de la vida contigo una vez más.
Te daría noticias imposibles que tú habrías de remedar
con inusitada precisión de lobo estepario;
a cambio yo callaría, mirándote a los ojos,
lo que sabrías que te iría a decir
si tuviese una respuesta
a la nada, al dios ciego de los días,
al amor que socava, a la devastación.

Amigo mío, mi consentida y despeinada rebeldía de otro tiempo,
compañero de aquellos años tan hondos que están hundidos,
raíz de una lucecita que brota a la intemperie
pero que relumbra siempre que quiere en la veleta de la memoria.
Amigo mío: ¿dónde te has metido?
Dime si concibes,
en las tardes más solitarias donde uno se muerde a solas
el corazón desesperado,
el adverbio lejos para hablar de las golondrinas en el cielo de la adolescencia.
Amigo mío: dime una última cosa.
A mí dar me da lo mismo. Como tú conmigo en soledad
sigo hablando contigo. Respondes palabras que aún no sabes.

AHANTZIAREN USAINA
(Felipe Juaristiren itzulpena)
Seguru asko han izango zara, beste etxe batean akaso,
calle del Pezetik gertu, han bizi baitzinen
baina orduko itxura gordeko duzu,
iheskorra eta elegantea, beti.
Seguru asko bakarrik egongo zara, argi egokia
mahai-zapi horiaren gainera irristatzen eta zigarrokina itzaltzen hautsontzian.
Batzuetan nitaz pentsatuko duzu, nik zutaz pentsatzen dudan bezala,
eta irribarre batez uxatuko duzu
igarotzen eta bat batean
desagertzen den hodei batean gotortutako oroimena.
Seguru asko jakingo duzu ahantziaren usainak
oso erreala izanik oroimena lausotzen dizula. Seguru asko.
Nire oroimenean begiratzen ditut zure esku urduriak
arretaz jasotzen ari direla mahai-zapiko papurrak,
porroa hartzeko modu zurea, kearen buztanetik;
eskainiko didazu, ardo koparekin batera, azken berria:
”Inor ez da erabat joaten”, erantzungo nuke ausartuko banintz,
errespetatua izango ote den zalantzaren aurrean
kokiltzen den gizona baino gehiago banintz. Zeren zerbait ikasi bagenuen
garai hartan, puntualki errepikatzen ziren arratsalde alfer haietan,
izaeraren aditz irregularrak konjugatzea izan zen;
zirtoka hasten ginen eta munduaren haserrea
ironia bihurtuta ezkutaleku izan zitzaigun
geure buru herabeak gordetzeko mundua.
Elkar maite izan genuen agian batzuetan
eta ez -hainbeste gustatzen zitzaidan zure bertsoan bezala-
lortezinak ginela dakienaren miresmen elkarrenganakoan,
eta elkar gorrotatu ere bai desagertzen ari zen hizkuntzan.
Ez dakit, zuk proposatu bezala, askoren jabe izan behar ote zen
bizitza bat izateko osoa, zaindua,
begirada atsekabeetatik gordea azkenik. Oraindik dirau
oroimen isil honek (deitu kontzientzia, nahiago baduzu);
ez du begirik beheratzen galdetuz gero.
Bizitza jasoagoa amestu nuen zuk bizi izandako zurean,
bizitza jasoagoa bizitzen ari nintzen ezustekoen artean eta zu, bitartean,
eszeptizismoaren begia distiraz zenuela, koplaka hasten zinen
niri azaltzeko, zuri azaltzeko, bizitzearen porrot mirarizkoan.
”Antzerkia, zurea da antzerkia,
ondo saiatutako itxurakeria!”.
Elkar zauritu genuen, soilik
puntu bateraino zauritu eta piska bat gehiago
zauritu nahi arte leial direnek bezala.
Zutaz nekatu zinen, nitaz nekatu zinen,
Ulertzen dut noanean noala pentsamendua zurekin doala
dakienaren ziurtasunarekin
ezerezaren hutsunea erakutsiz, oroimenaren putzu beltza.
Ez gaitu sendatuko; baina ez dut esaten gezurrik esaten badizut
oraintxe bizia emango nukeela aurrez aurre egoteagatik,
zurekin berriro bizitzaz hitz egiteagatik.
Berri ezinezkoak emango nizkizuke,
zuk berehala zuzenduko zenituen estepako otsoaren zuhurtasunaz;
ordea ni isilik egongo nintzateke, zure begiei begira.
Jakingo zenuke esateko gogoa nuena,
ezerezari, egunen jainko itsuari,
hausten duen amodioari, suntsipenari
erantzunik ematerik banu.

Adiskide hori, garai bateko nire errebeldia mainati eta alproja,
zuloan egoteagatik sakonak diren urte haietako lagun hori,
kanpoko azalean hazi den argitxoaren sustrai txiki,
oroimenaren haize-orratzean jiraka dabilen hori.
Adiskide hori: Non sartu zara?
Esan entzuten ote duzun
arratsalde bakarti horietan, non batek bihotzari hozka egiten dion,
urrun adberbioa, nerabetasun zeruko enarei buruz hitz egiteko.
Adiskide hori: esan azken gauza.
Nire berdin zait. Zuk nirekin bezala
zurekin hizketan dihardut.
Oraindik ez dakizkizun hitzak erantzuten dituzu.



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