POCOS TESTIGOS Y MENOS TESTIGAS

junio 11, 2019

Lucía Martínez ODRIOZOLA
A poco de comenzar el siglo XXI, nos asaltó la crisis económica que aún arrastramos y que, como las anteriores, aunque larga, pesada, demoledora, profunda, es coyuntural. Como Milena Busquets narra en su obra del mismo título, también esto pasará. Larga lo está siendo; y mucho. A las grandes empresas de comunicación esapañolas les sorprendíó aún aturdidas por el golpe de su propia crisis: la de los medios. Esta no ya coyuntural, sino estructural. Habían vivido los últimos años de siglo a todo trapo: diversificaron negocios, salieron a bolsa, ganaron y mucho con la venta de sus ediciones en papel e, incluso, exploraron la edición de medios gratuitos que se financiaban mediante la publicidad. Y desatendieron al hermano pequeño, que se coló en los hogares a través de Internet. La información podía obtenerse gratuitamente y, además, sin ir al quiosco ni mancharse las manos de tinta. Y en esas, la Tierra dio las necesarias vueltas al Sol para que llegara 2008. Los primeros diarios que desaparecieron fueron aquellos –gratuitos- que habían naci1do como negocio económico o por intereses espurios Por ejemplo, presionar a administraciones locales para lograr adjudicaciones de contratos o recalificaciones. Estos no esperaron a entrar en pérdidas. Cuando dejaron de ganar, cerraron. En 2009, Cuenca se quedó sin periódicos diarios. La situación volvíó a repetirse en 2016, tres años después de haber recuperado su única cabecera. Otros medios no cerraron, pero adelgazaron sus redacciones hasta dejarlas en el chasis. En pocos meses, se produjeron centenares de despidos. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), que en aquel tiempo presidía Magos Iglesias, puso en marcha un observatorio que se actualizaba casi diariamente. En cinco años, fueron despedidos 10.800 profesionales; 5.000 de ellos en Madrid. Quienes conservaron su puesto de trabajo en la redacción no solamente tuvieron que asumir la tarea de sus compañeros despedidos, sino que en algunos casos sufrieron que sus empresas les redujeran la jornada Y el salario, pero no el tiempo de dedicación. “ Reducción de jornada “fue un eufemismo para que curraran el doble por la mitad de sueldo. El derecho a la información es un pilar básico de las sociedades democráticas, del estado de derecho. Y quienes garantizamos ese derecho somos los periodistas y los medios de comunicación. No cualquier medio: Han de ser estructuras robustas y saneadas económicamente para garantizar la independencia. Añoro la independencia de los grandes medios, de esos que llamábamos hegemónicos. Tengo para mí que ciertas empresas periodísticas no tuvieron reparos en reducir costes a sabiendas de que era letal, de que menguar plantillas, atosigar a los profesionales con plazos imposibles, obligarles a dotar de contenido el mismo montaje o idéntico número de páginas en la mitad de tiempo tendrá, inexorablemente, consecuencias fatales: La pérdida de calidad de los productos informativos. La consecuencia directa fue la incapacidad para comprobar la veracidad de ciertas informaciones y, sobre todo, para observar la realidad de forma crítica. Sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia fue el lema de la FAPE. Un periodista despedido es un testigo menos. Y es precisamente en los momentos de crisis cuando más se necesita de observadores críticos que dispongan de las destrezas necesarias para escrutar la realidad, obtener la información, recabar los datos con rigor y elaborar un relato no solo comprensible sino, además, veraz y necesario; profesionales que, al estampar sus apellidos bajo el titular de una noticia, firmen un contrato con la ciudadana. Las cláusulas de ese contrato son: Lectora, lector: Esto que te cuento es verdad, es preciso en los términos y, además, es importante para tu vida. Ahí quedan descartadas esas informaciones sobre “realities”, perros en patinete, disputas entre tertulianos, la última foto de Pedroche… La reestructuración de las plantillas expulsa de las redacciones a los periodistas más caros, que era precisamente quienes tenían más experiencia, los más críticos y mejor preparados: los veteranos. El libro de estilo de la BBC indica que en caso de duda sobre el tratamiento de una información se debe consultar a los decanos. La cadena de transmisión generacional se quebró. Fueron pocas las empresas que se libraron de regulaciones de empleo. En noviembre de 2012, el ERE de El País puso en la puerta a 129 profesionales de larga trayectoria y probada valía. El periodismo es un intangible que no se cuantifica numérica sino cualitativamente. Es innecesario decir que la descapitalización fue un duro golpe para quienes trabajaban en su redacción y para quienes lo leían a diario, pero es el trampolín para decir lo siguiente: La conmoción se extendío como el aroma de la amorphophallus titanum, esa que llaman la Flor cadáver porque tarda años en florecer y, cuando lo hace, huele a muerto. Los periodistas de medios más modestos se vinieron abajo. En las redacciones de algunos medios de provincias crecíó el recelo: “Si estos, que han sido nuestro modelo, se quedan en la calle, ¿qué será de nosotros? “. Poco después, en diciembre, ya con M. Rajoy en la presidencia del Gobierno, se difundío la noticia de que los medios públicos , -RTVE y EFE-compartirían corresponsales en el extranjero. Es decir, las televisiones y radios públicas nacionales ofrecerán la misma información. Y lo que es peor: también todos esos pequeños diarios que carecen de corresponsales fuera de su entorno geográfico y para completar sus páginas de nacional e internacional se nutren de agencias informativas, de EFE. La impresión sería la que se tiene frente a un espejo roto, que reproduce la misma imagen en cada uno de sus fragmentos. La idea que los directivos de TVE española quisieron vender a su plantilla -y a la ciudadanía -fue que carecía de sentido disponer de un corresponsal de EFE, otro de TVE y un tercero de RNE en el mismo lugar. ¡No va a tenerlo! Tiene todo el sentido, porque tres corresponsales distintos no solamente hacen información distinta sino que seleccionan distintos aspectos de interés informativo. También tiene sentido, claro, disponer de un solo corresponsal: La información se uniformiza, como en el viejo parte. Durante la dictadura de Franco, todas las emisoras de radio tenían la obligación de conectar cada hora con el resumen informativo que emita la Nacional. A las 12 de mediodía sonaba el ángelus en todas ellas. No había forma de zafarse. Además, Álex Grijelmo, presidente de la agencia EFE, tomó la decisión de cerrar muchas delegaciones y convertir a corresponsales de pequeñas delegaciones en intrusos que podían llegar a cobrar 7 por suministrar una crónica. Una sociedad que no invierte dinero en informarse es una sociedad desinformada. En un contexto como el que vivimos, la desinformación favorece a quienes toman las decisiones políticas y ecoómicas. Porque podrán seguir haciéndolo sin que nos enteremos. No solo es Jauja, es parte de la estrategia. Los periodistas, esos personajes insidiosos que están todo el tiempo haciendo preguntas, les estorbamos. Eso sí, necesitan tener profesionales mal pagados, amenazados con el despido, con poco tiempo para trabajar… Y medios de comunicación dependientes de campañas institucionales, de repartos arbitrarios del dinero público gestionados por departamentos de la administración y por sus gabinetes de prensa; partidas presupuestarias destinadas a forzar líneas editoriales, a comprar favores, a disuadir de la publicación de ciertas informaciones, a castigar a quienes lo hacen. Esta es una práctica habitual de la que no escapan las administraciones local, autonómica y central. En nuestro país. Por ejemplo: Ana Botella, durante su etapa como “alcalde” de Madrid…¿ Alcalde? En diciembre de 2011, su esposo, José María Aznar, dijo de ella: “ Ana no será alcaldesa, sino alcalde”. Como usted diga, don José María. Entre 2013 y 2015, esa corporación repartíó más de 21 millones de euros en publicidad. Favorecíó, sobre todo, a La Razón, a pesar de que tenía menores tiradas que El País y El Mundo. En la etapa de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid -una década-, la televisión autonómica facturó 10,87 millones, ocho veces más que TVE, a pesar de que su audiencia era mucho menor. En prensa, la palma se la lleva ABC -2,31 millones-; seguido de La Razón, 1,87 millones; El Mundo, 1,54 también de millones, e Intereconomía, 1,38 del ala. Vayamos a Cataluña: Durante 2016, La Vanguardia se embolsó el 20% del dinero que la Generalitat invirtió en publicidad. Volvamos a casa. En 2014, el departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno vasco admitíó haber pagado al diario Deia 3.500 euros por una entrevista de dos páginas a la directora del Instituto Vasco de Seguridad Laboral. El año anterior, Deia, Noticias de Gipuzkoa y Diario de Noticias de clave recibieron 17.569,20 euros brutos por informaciones encargadas y publicadas en sus páginas. Estos medios, en ningún momento identificaron las informaciones como publicidad institucional. Dicho de otro modo, esas informaciones se difundieron como si hubieran sido iniciativa del propio medio y sus profesionales. Es decir, como si respondieran al compromiso ético de informar a la ciudadana de cuestiones cabales e imprescindibles y de hacerlo con la exigible independencia. Caben dos anotaciones: una primera, referente a la incapacidad de los gabinetes de prensa de los departamentos del Gobierno de Urkullu para elaborar informaciones tan suculentas como para que los medios se abalanzaran en tropel a publicarlas, y, una segunda, sobre la falta de independencia de los medios que las publicaron. Y lo hicieron sin informar a sus audiencias de que se trataba de contenidos publicitarios. Si la vasca fuera una sociedad tan exigente con sus medios como lo es, por ejemplo, con la fabricación de quesos o yogures, estaríamos ante un fraude. La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) elabora anualmente un informe sobre la profesión. La percepción sobre la independencia es pregunta habitual dirigida a los profesionales. El último publicado es de 2016 y señala lo siguiente: “Por lo que se refiere a la independencia, las respuestas de los profesionales este año arrojan una ligerísima mejora de una décima, pero manteniéndose dentro de lo que puede considerarse un suspenso. Los 4,3 puntos, en una escala de 1 a 10, son la muestra de que la profesión periodística tiene un problema relevante en lo tocante a los estándares de libertad con los que se desempeña”. En este último estudio, se preguntaba por primera vez a la ciudadanía al respecto y la calificación fue exactamente la misma. También se pregunta a profesionales de los medios sobre los problemas de la profesión. Las respuestas de ellos y ellas vienen a ser parejas, pero hay dos de los que ellas se duelen más: El 12,9% de los periodistas considera un problema la mala retribución; el porcentaje se eleva a 19,6 en el caso de las redactoras. Curiosamente, cuando se analiza por franjas de edad, los y las menores de 30 años casi igualan el porcentaje de las mujeres. Cabe deducir que las empresas pagan peor a las mujeres y a los jóvenes. En cuanto al aumento de la carga de trabajo y la falta de tiempo para elaborar la información, ellas casi duplican el porcentaje con respecto de los varones, 4,2% frente al 2,2% de ellos. De las muchas tablas que se recogen hay una especialmente elocuente: la que se refiere al paro registrado en primera opción. En 2008, 1.778 varones frente a 2.768 mujeres. Ocho años después, en 2016, las diferencias se disparan: Los parados son 2.861, mientras que las paradas suben a 5.029. Quienes toman las decisiones en las empresas de comunicación tienen un grave problema: están expulsando a las redactoras de los medios. A las razones ya señaladas se añaden las dificultades para promocionarse dentro de la escala jerárquica y, probablemente, la dificultad para conciliar vida laboral y privada. En los medios de comunicación, como en tantos otros ámbitos, las decisiones se toman por cooptación y es muy claro que, cuando no se establecen elementos correctores, ellos tienen tendencia a elegir a otros varones. Sin embargo, si se aplicaran baremos objetivos, la situación sería muy otra. Con todos los riesgos que tiene la generalización, algunas redacciones son territorios hostiles para las profesionales. No digamos ya algunas secciones de esas redacciones. Begira, la Comisión Asesora para un uso no sexista de la Publicidad y la Comunicación, dependiente del Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, está dinamizando este año una reflexión en torno al tratamiento de la información sobre mujeres y deporte en los medios de comunicación radicados en la Comunidad Autónoma del País Vasco. En una de las reuniones, a las cuales asistieron profesionales de muy distintas empresas periodísticas, se puso sobre la mesa la falta de interés de las redactoras por hacer informacióndeportiva, como si fuera un ámbito masculino en lugar de masculinizado. El androcentrismo-u óptica de varón -es uno de los males peor diagnosticados en los medios. Hablar de un mundo a la medida de los hombres es poco, porque no describe con exactitud cuáles son los rasgos de esa persona que es el centro del universo y en torno a la cual gravitan las preocupaciones e intereses de los medios: es un varón, blanco, heterosexual, occidental, con poder adquisitivo y estudios y, por supuesto, sin incapacidad ni minusvalía alguna. Yo diría, además, que en ese orden. Es decir, un hombre negro gay está más cerca del epicentro que una mujer blanca. Si ésta es, además, lesbiana, pobre, sin estudios y de una zona geográfica en la que no se manejen el euro o el dólar, deberemos buscarla en las zonas más periféricas de la información. Y así, las empresas renuncian a un importantísimo capital humano: el que pueden aportar las mujeres. Durante años, hemos creído que no es la incorporación de redactoras lo que cambia los procesos, sino el hecho de que se cuestionen y reelaboren los procedimientos para la selección de las noticias y de las fuentes consultadas -entre las cuales debe haber expertas- el uso de lenguajes inclusivos a la hora del relato y, finalmente, la ubicación dentro del medio, la sección o el informativo y las imágenes que se seleccionan para apoyarlo. Todos esos pasos son cruciales, pero el que más diversifica los contenidos informativos de un medio es la mirada, esto es, qué aspectos de nuestro entorno consideramos de interés y los transformamos en noticia. Eso es la perspectiva de género: un recurso imprescindible no solo para hacer buen periodismo, sino para dotarlo de rigor y precisión. Por ejemplo, no se puede informar cabalmente sobre accidentes laborales sin obtener datos desagregados por sexos, porque ellos se hieren más y más gravemente. Es cierto que los varones ejercen profesiones de más riesgo, pero a igual oficio, por ejemplo, los fogones, los cocineros no solo se cortan y queman más sino más gravemente. Los accidentes de tráfico arrojan datos similares: las conductoras sufren menos accidentes y de menor trascendencia. O sea, aquello de “Mujer al volante, peligro constante” es una de las mentiras más divulgadas y con menos base. Si se le aplica la regla de la inversión es más preciso: “Hombre al volante…”. Hace unos años, entrevista a un profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad del país Vasco. Su grupo de investigación había hecho hallazgos prehistóricos en una zona de Alava, en un lugar muy transitado.”¿Cómo es posible -le pregunté- que haya pasado tanta gente por ahí sin verlos? -Porque solamente vemos lo que conocemos- Me respondió—.”
Quien nunca ha sentido miedo al caminar de noche por la calle, quien no ha sufrido acoso callejero, quien no ha sentido que sus palabras no eran escuchadas mientras se aplaudía a sus compañeros cuando expresaban lo mismo, quien no ha sido juzgado por su aspecto por encima de sus valores intelectuales, quien no ha sufrido condescendencia o paternalismo en el ejercicio de su profesión, quien no ha experimentado la certeza de que ser mujer la colocaba en un puesto inferior de la piramide alimenticia… Si solamente vemos lo que conocemos y la mayor parte de los hombres no lo conocen, ¿cómo pueden ingeniárselas para verlo? La respuesta viene dictada: Franqueando el paso. Como sociedad democrática y ciudadanía exigente, necesitamos muchos testigos incómodos –periodistas- y, sobre todo, más testigas. La ciudadanía de este siglo XXI no solo debe practicar la igualdad por su compromiso con los derechos humanos. Debe hacerlo porque, de esa forma, la realidad prismática se reproducirá en los muchos cristales de colores que, a modo de espejo, componen un caleidoscopio.



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