¿POR QUÉ LO LLAMAN INTERNET CUANDO QUIEREN DECIR MÓVIL?LA GRAN ACELERACIÓN

abril 23, 2019

ROSALÍA LLORET

Hace 11 años, uno de los mayores visionarios que han pasado por Silicon Valley, Steve Jobs, presentaba en San Francisco su nuevo y flamante iPhone, y dejaba perplejos a sus competidores. En varios ámbitos, el recién llegado móvil de Apple ofrecía iguales o peores prestaciones que los -entonces- reyes del mercado Nokia o Blackberry. Pero, a cambio, el iPhone aportaba un diseño espectacular, una “usabilidad” superlativa y una combinación de funcionalidades inédita, con especial foco en Internet. El nuevo móvil, además, abría la puerta a la creación libre de aplicaciones interactivas por parte de terceros: un ejército de desarrolladores de apps en todo el mundo que se aprestarían desde entonces a trabajar “gratis” para añadir todo tipo de funcionalidades al nuevo dispositivo.
La combinación de atributos del nuevo iPhone, sin duda, convenció a los usuarios y rompió el mercado de la telefonía móvil. A partir de entonces, todos los móviles serían inteligentes (los llamados smartphones) y casi todos fueron incorporando también grandes pantallas multitáctiles para navegar cómodamente por Internet y utilizar todo tipo de apps interactivas. Pero, lo que es mucho más importante a efectos sociales: a partir de entonces se fue convirtiendo en norma la presencia en nuestros bolsillos de uno de estos ordenadores personales con potencia de cálculo superior que la que se usó para llevar el Apolo XXI a la Luna, y con capacidad para conectarse a Internet en todo momento y lugar.
¡Especialmente en España! Pocas veces nuestro país lidera los rankings mundiales, pero en penetración de móviles estamos a la cabeza, por delante de países como Singapur o Italia. Un 88% de los españoles tiene uno, según datos 2017 de la consultora Ditrendia, y la enorme mayoría -más de un 80%- son smartphones, frente al 41% de hace tan sólo 5 años (Kantar). El estudio de Ditrendia muestra cómo este dispositivo se ha metido en nuestras vidas: un aplastante 92% de los usuarios lo utiliza más que el ordenador para acceder a Internet y casi dos tercios de los españoles (61%) mira el móvil en los primeros cinco minutos después de despertarse

El resto es historia viva, porque si bien el nacimiento de la web y la generalización de Internet hace 20 años se marca como el gran hito transformador y revolucionador del ecosistema informativo y de los medios (al igual que en otros muchos sectores); es la generalización de los smartphones en los últimos pocos años y su presencia permanente en nuestras vidas la que ha introducido una aceleración supersónica al proceso, asestando el golpe de gracia definitivo a la forma en la que nos informamos y compartimos información (o compramos, o tomamos un taxi, o buscamos un hotel, o elegimos un restaurante, o…).

Móvil para todos los momentos

Por primera vez en la historia, la gran mayoría de la población puede seguir la información las 24 horas del día, independientemente de donde se encuentre. Anteriormente, tan sólo se podía seguir una noticia en directo en la TV o la radio, y nadie llevaba la radio o la TV permanentemente consigo, salvo muy raras excepciones. Con la llegada de Internet, se abrió la posibilidad de seguir en directo no uno sino varios medios a la vez (además de comentar sobre ello con amigos y conocidos) y de hacerlo en otros dispositivos como los ordenadores. Pero ni siquiera los portátiles tienen la omnipresencia y portabilidad que caracteriza ahora a los móviles. No es de extrañar que los smartphones se hayan convertido en la principal herramienta para acceder a las noticias y -también en este caso- en España aún más que en la mayor parte de los países: casi un 60% de los españoles lo hace, según datos de 2017 de la Universidad de Navarra.
Es obvio que la omnipresencia de los móviles en nuestras vidas tendría un efecto directo en nuestro consumo de la informaciÓn. SegÚn una encuesta realizada por el Reuters Institute for the Study of Journalism (Universidad de Oxford) en 36 paÍses del mundo, un 46% de los usuarios de smartphone en los principales paÍses del mundo lo utiliza en la cama, un 42% en el transporte pÚblico y hasta un 32% confiesa llevárselo al baño. En el medio, otros tantos momentos que suman más de 150 consultas a nuestro móvil al día (Ditrendia, 2016), algo que ha multiplicado también el número de accesos a sitios de información en los últimos años. Muchos de estos momentos consisten tan sólo en unos minutos robados a la espera de nuestro autobús o en el ascensor, por ejemplo, lo que apenas nos permite “picotear”apresuradamente titulares, fotos o algún video muy corto. De hecho, la duración media más habitual de los videos vistos por móvil en Europa no pasa de los 3 minutos, según datos de 2018 de eMarketer.
Pero no todo es información “snack” y multitarea en el móvil. El hecho de que este dispositivo se haya convertido casi en un apéndice de nuestro cuerpo significa que también está con nosotros en los momentos en los que podemos dedicar mayor tiempo y atención a una lectura reposada. Mencionábamos antes el 46% de usuarios en todo el mundo que se lleva el móvil a la cama, y lo utiliza como sustituto de la lectura de mesilla; o el 42% que lo usa en el transporte público y que -dependiendo de la ciudad donde vive- puede dedicar de 15 a 45 minutos hasta llegar a su lugar de trabajo o estudio. Unas “ventanas” de atención que permiten también la lectura de artículos de mayor longitud y profundidad, a pesar de un tamaño de la pantalla, en principio, menos apto para ello (aunque ha ido creciendo en los últimos móviles, dando lugar a la denominación phablets, mezcla de phone y tablets).
Los datos muestran, de hecho, que también se dedica tiempo desde el móvil a la lectura de piezas más largas. Según un análisis del Pew Research Center llevado a cabo en 2016 con unos 75.000 art’culos y cerca de 7,7 millones de usuarios de smartphones en EEUU, los art’culos ÒlargosÓ (análisis, reportajes, entrevistas, etc.) en los medios atraen de media casi tantas visitas desde móviles como los “cortos” (mayoritariamente, noticias del día), y sus visitantes dedican lógicamente el doble de tiempo de lectura, aunque la media siga siendo baja. Eso sí, añade el Pew, dado que los medios en general publican muchos más artículos cortos que largos, la audiencia acumulada de los primeros es considerablemente mayor.

A una conclusión parecida llegó la revista semanal alemana de análisis Die Zeit en 2015: sus -muy largos- artículos online obtenían más visitas y tiempo de lectura desde móviles que desde los ordenadores de sobremesa, a pesar de lo que pudiera presuponer la opinión generalizada. Posiblemente, porque los ordenadores se usan mayoritariamente en el trabajo donde normalmente no es fácil extraer tiempo a la lectura, mientras que los móviles sí están a nuestra disposición en esos momentos más reposados, aunque dispongan de una pantalla más pequeña.

Más visual, más horizontal

Independientemente de su longitud o del tiempo de atención, las piezas informativas en el móvil están empezando ahora a encontrar formatos y narrativas más adaptadas al “nuevo” canal, dado el fuerte sorpasso que han dado las audiencias desde móviles (incluyendo las más minoritarias tabletas) a las audiencias desde el ordenador. Pero al igual que ocurrió en los inicios de Internet, cuando los medios de información escrita simplemente “volcaban” sus perióicos en la web con casi el mismo formato que en el papel (sin links ni multimedia adicional, ordenado en columnas, etc.), muchos medios todavía sólo “vuelcan” al móvil las webs y contenidos diseñados para su consumo en el ordenador de sobremesa.
El móvil no es el ordenador, y un medio o pieza informativa pensado para el móvil no debe ser siempre una copia reducida de su versión para PC, aunque muchos formatos funcionen en ambos. El smartphone, por supuesto, tiene una pantalla mucho más pequeña, pero además se utiliza de maneras y en contextos muy distintos al ordenador de sobremesa: es el más personal de nuestros dispositivos (pocas veces se comparte), permite un acercamiento mucho más natural -casi íntimo- a su uso gracias a las pantallas táctiles; y se utiliza más en momentos de ocio, frente al uso muy mayoritario del ordenador para trabajar.
Una de las tendencias más notorias es la utilización creciente de formatos gráficos y audiovisuales que se mezclan con los textos en nuevas piezas pensadas específicamente para los smartphones. Dado el uso mayoritario del móvil en vertical (pocas veces nos tomamos la molestia de girarlo para ver algo en horizontal), las fotografías y videos se presentan también en formato vertical o cuadrado, ocupando la pantalla, en lugar del modo horizontal dominante en la web “tradicional”. Y la navegación dentro de la “historia” se lleva a cabo en horizontal (en lugar del scroll vertical clásico en los ordenadores), mediante un ligero deslizamiento a la derecha o un simple toque con el dedo pulgar: gestos aún más sencillos de realizar con la misma mano que sujeta el móvil.
Este nuevo formato para móvil, que se ha generalizado con el nombre de stories (o “historias” en español), nació en la aplicación de mensajería Snapchat, y poco después fue copiado por Instagram en su carrusel, por Whatsapp en los “estados” y por la propia Facebook en su aplicación principal. Pero algunos medios de comunicación se han decidido también a abrazarlo: como la BBC que ya usa stories en el “video del día” de su propia aplicación, el Financial Times que ensaya nuevas narrativas en el carrusel de Instagram alrededor de sus informaciones (buscando siempre alguna interacción o respuesta de los usuarios), las “series” en Medium o el quiz semanal de la revista The Economist también en Instagram. La reciente incorporación de las “historias” como uno de los formatos especiales para móvil que Google destacará en su buscador probablemente disparará aún más su uso.
El predominio aplastante del móvil como forma de acceso a las noticias está también detrás del auge de los podcasts informativos, un formato de audio bajo demanda que suele escucharse en los trayectos entre casa y trabajo (por ello la mayoría dura entre 20 y 30 minutos). Desde el famoso resumen diario de la actualidad del New York Times (The Daily), a los documentales de deporte de ESPN (30 for 30) o las piezas semanales de información y arte del New Yorker (Still Processing), entre otros muchos, los podcasts ofrecen una versión bajo demanda y más personal/informal de la información en audio para ser escuchada desde nuestro móvil

¿Editores o algoritmos?

El predominio de los móviles en nuestras vidas, sin embargo, tiene un lado más inquietante para los medios de comunicación. Las reducidas dimensiones de la nueva pantalla llevan de forma natural a sus usuarios a la utilización de un número menor de aplicaciones/opciones que en el ordenador de sobremesa, y a una concentración en aquéllas más dominantes en nuestra vida diaria. La familia de los dos grandes gigantes digitales (Facebook, Whatsapp, Instagram, por un lado; y el buscador de Google junto con Google Mail, y Google Maps, por otro) ocupan el top 10 de aplicaciones en casi todos los países del mundo. Y, a pesar de no ser medios, ni tener periodistas (sólo agregan los contenidos de otros), se han convertido en una vía prioritaria de acceso a las noticias para muchos.
En concreto, más de la mitad de los usuarios de noticias online en el mundo (54%), según la macroencuesta del Reuters Institute, prefiere seguir las noticias a través de redes sociales, agregadores o buscadores, frente a un 44% que prefiere acudir a los propios medios. En España, los usuarios que prefieren acceder directamente a los medios de comunicación mantienen todavía una mayoría justa con el 50%, pero esta preferencia desaparece entre los más jóvenes: sólo un 19% de los usuarios de 25 a 34 años, y un 13% de los de 18 a 24, eligen acceder a las noticias, según la Universidad de Navarra.
La creciente hegemonía de los gigantes digitales en el acceso a la información, especialmente desde los móviles, tiene un impacto muy importante en los medios, más allá de la ardua competencia por la atención de los usuarios y por los ingresos de publicidad. En primer lugar, la casi inevitable presencia de los propios medios en estas plataformas -en búsqueda de ese público masivo que cada vez más “vive” en ellas- está desdibujando en muchos casos su marca y personalidad. Un análisis llevado a cabo en el Reino Unido entre 2.000 usuarios mostró que la mayoría de ellos podían recordar claramente la plataforma (Facebook, Google, etc.) a través de la cual habían accedido a una información, pero menos de la mitad de ellos era capaz de decir en qué marca informativa la había leído o consultado efectivamente. Un efecto que se acentúa en los casos de medios más nuevos o con marcas menos potentes.
En segundo lugar, pero aún más importante, el criterio de selección de la información y contenidos en estas plataformas ha impactado con fuerza en el funcionamiento del ecosistema de medios y por extensión del panorama informativo. Como decíamos antes, estas plataformas no tienen periodistas seleccionando la información según un criterio editorial (como en los medios) sino que, en su lugar, utilizan la inteligencia artificial y los datos del comportamiento de sus millones de usuarios para intentar ofrecer a cada uno de ellos un menú personalizado y adictivo.
El objetivo: que el usuario permanezca el mayor tiempo posible en las páginas de estos servicios y que, por el camino, vea también toda la publicidad personalizada posible. Para ello, el principal ingrediente de los algoritmos de inteligencia artificial en estas plataformas son los click u otras interacciones (me gusta, etc.) por parte de los usuarios. Estas acciones son las que confirman al algoritmo que el usuario encontró el contenido interesante y las que le llevarán a su vez a priorizar la visibilidad de este contenido frente a otros usuarios similares. No es de extrañaar que la búqueda del clic se haya convertido en un asunto clave para muchos medios presentes en estas plataformas -especialmente aquellos más dependientes de las audiencias que éstas les envían- y que muchos titulares se retuerzan indiscriminadamente para intentar atrapar la atención de los usuarios.
Los recientes escándalos provocados por las llamadas noticias falsas (fake news) en redes sociales y el aún más reciente producido por el filtrado y uso ilegal de los datos de más de 86 millones de usuarios de Facebook para la campaña electoral de EEUU están teniendo, sin embargo, un importante efecto en la confianza de los usuarios hacia estas plataformas, especialmente en el entorno informativo. Ya antes de estallido del caso Cambridge Analytica, la mayoría de los usuarios españoles (46%) aseguraba en una encuesta de la Universidad Navarra que los medios informativos son más fiables que las redes sociales a la hora de distinguir los hechos ciertos de los inciertos. Y es de prever que la confianza en estas grandes redes se haya deteriorado más en los últimos meses.
Mientras, los medios de comunicación siguen explorando maneras de reducir su dependencia de estos gigantes digitales en general, incentivando las visitas directas a sus páginas por parte de los usuarios. En un ecosistema tan concurrido y constreñido como el móvil, se trata de salir ahí fuera cada día a atraer a los usuarios a los contenidos del medio. Mediante una newsletter diaria, por ejemplo: uno de los formatos que están viviendo recientemente un nuevo esplendor. O mediante notificaciones en el móvil, que alertan de noticias urgentes o piezas informativas especiales para leer en la app del medio, pero que hay que usar con moderación para evitar el hastío y rechazo de los usuarios (algunos medios lanzan hasta 10 notificaciones al día, que se añaden normalmente a las de las apps de mensajería instantánea, redes sociales, etc.). Los excesos siempre se pagan.



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