LA IMAGEN DE PUEBLO INVADIDO. LOS ÁMBITOS DE LA ETNICIDAD EN EL PAÍS VASCO1

enero 30, 2017
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MANUEL MONTERO

El imaginario predominante en Euskadi en- tiende que las nociones étnicas han dejado de contar políticamente. El vasco no siempre se define sólo por la vecindad administrativa, pero tampoco por su origen autóctono. Suelen pesar elementos culturales o la voluntad de integración. El apellido euskérico carecería, así, de importancia social efectiva, aunque la tuviera en otros tiempos, reducido a mera referencia para las caricaturas. Se niega expresamente que tenga alguna carga política. Cualquier sugerencia en sentido contrario queda contestada por las pruebas, que se presentan como definitivas, de gente que no se ajusta a estereotipos apellidistas: nacionalistas vascos de apellidos castellanos, algunos con un papel señero; y personas con apellidos vascos que no son nacionalistas.

Ambas circunstancias se dan de forma habitual. Apellido y origen no forman barreras ni demarcan campos de convivencia ni ámbitos ideológicos. Sin embargo, esta constatación cotidiana contrasta con el perfil de las autoridades nacionalistas. No coincide con el de la sociedad vasca, por la abultada presencia de personas con apellidos euskéricos. El peso de los dos apellidos vascos es mucho mayor que el 20% que tienen en la población: entre tales cargos supera el 70%.

El desajuste se repite, sin excepción, en todos los ámbitos de representación y gestión nacionalistas –diputados, senadores, parla- mentarios, junteros, concejales–. ¿Subyace un etnicismo que prima el apellido? El desequili- brio sorprende, pues la mayor parte del cuerpo electoral vasco –el 56%– tiene dos apellidos castellanos, lo que sólo se da en el 20% de los nacionalistas electos. Si el apellido autóctono no tiene relevancia social, parece adquirirla al seleccionarse los cargos políticos, sin que tal criterio disguste a los votantes, que la dan por buena.

Caben diversas explicaciones para este fenómeno: la idealización de lo autóctono; definiciones nacionalistas que priman elementos culturales más frecuentes en personas con apellidos vascos; la posibilidad de que las organizaciones nacionalistas de las ciudades las forme gente de procedencia rural…

Abordar la cuestión requiere tener en cuenta que el colectivo con apellidos vascos presenta una imagen distinta a la que globalmente presenta la población vasca. No la reproduce a escala reducida, sino que tiene características propias. Por ejemplo, demográficamente el mayor peso lo tienen las capitales y sus áreas metropolitanas, mientras que el centro de gravedad del grupo de apellidos vascos está en localidades de medianas dimensiones. Su contorno presenta diferencias sustanciales respecto a la sociedad vasca. En la medida que se entienda como una comunidad, resulta verosímil que sus percepciones no coincidan con las que se derivan de la visión global de Euskadi.

Describiremos en primer lugar las caracterís- ticas generales que desde este punto de vista tiene Euskadi, para referirnos después al ámbito de personas con apellidos vascos.

En  el  País  Vasco,  poblado  por  unos 2.200.000 habitantes, la gran mayoría de la población –el 72%– vive en las tres principales ciudades y sus conurbaciones. Destaca el peso de Bilbao (354.000, el 16 %) y de su área metropolitana, aproximadamente 910.000, con un alto grado de integración en torno a la capital. San Sebastián tiene 180.000 y su conurbación cerca de 420.000 habitantes, si bien con mayor heterogeneidad interna. La segunda  ciudad  vasca,  Vitoria  (235.000), no cuenta con similar entorno urbano. De otro lado, caracterizan a la demografía vasca va rios enclaves de medianas dimensiones, aso- ciados al boom industrial de los años sesenta.

Las oleadas migratorias iniciadas en la segunda mitad del XIX han dejado su huella en la composición de la sociedad vasca, distinta según enclaves y comarcas. La refleja grosso modo la distribución de la población según los apellidos, si bien varios que reconocemos como castellanos estaban en el País Vasco des- de que tenemos noticias al respecto. En todo caso, la imagen que proporcionan es nítida y consistente.

La mayor parte de los vascos serían, genéri- camente, de origen foráneo, pues el 56% tiene

dos apellidos castellanos. Un quinto (20,4%) presenta dos apellidos euskéricos, que suelen entenderse el mejor reflejo del origen autócto- no. La cuarta parte restante (24,6%) correspon- de al grupo de apellidos mixtos, uno castellano y otro euskérico, que tiene así el mayor peso entre los de algún apellido vasco. Fruto del mestizaje, reflejaría la convivencia entre los dos ámbitos. Los apellidos euskéricos tienen la mayor densidad en Guipúzcoa, una presencia importante en Vizcaya y menor en Álava.

Los apellidos delinean procedencias diferenciadas, pero no tensiones derivadas de ello. Seguramente se comparte la siguiente imagen: la mayoría de los vascos tiene origen foráneo, a veces con presencia en Euskadi desde hace generaciones, pero los grupos de ascendencia autóctona juegan un papel referencial, al de- finir singularidades globalmente compartidas. Así, el contraste mayoría-minoría pierde consistencia. No se percibe a los grupos de procedencia local como una minoría. Se produce la paradoja –fruto del arraigo de conceptos identitarios– de que la integración del inmigrante o sus descendientes conlleva la asunción de rasgos culturales asociados al grupo minoritario. La perspectiva genérica muestra una sociedad en la que conviven orígenes distintos. Al negar- se importancia política al apellido se aspira a que tales distinciones se diluyan, manteniéndo- se el reconocimiento de la primacía simbólica del origen autóctono, fuente de la identidad diferencial.

Ahora bien, esta distribución global no se reproduce en los distintos niveles. Por eso, si en vez del País Vasco analizamos el ámbito formado por los apellidos euskéricos la imagen resulta sorprendentemente diferente.

En Euskadi vive alrededor de un millón de personas con apellido vasco, el 44% de la población: unos 550.000 pertenecen al gru- po mixto, por 450.000 con ambos apellidos euskéricos. Tiene una distribución diferente al conjunto de la población. No presenta la acu- sada concentración en Vizcaya, con más de la mitad de los vascos (el 53%), sino un mayor equilibrio entre las dos provincias costeras: en Vizcaya vive el 47% de quienes tienen algún apellido vasco, por el 41% en Guipúzcoa, por encima de su peso global, el 32%. En Álava el porcentaje (11%) es menor que el de este territorio en la población, 15%. El relativo equilibrio entre Vizcaya y Guipúzcoa evoca su paridad tradicional, que mantuvieron hasta mediados del XIX. Continuaría en las personas con apellidos autóctonos, si bien en Vizcaya el grupo mixto tiene más importancia. La principal diferencia entre las provincias costeras reside en que los apellidos vascos en Guipúzcoa tie- nen un mayor peso relativo. Son la mayoría de la población, el 60%; mientras que en Vizcaya apenas supera el tercio, el 35% del total. Álava presenta este mismo porcentaje.

Sólo en Guipúzcoa tienen mayoría los ape- llidos euskéricos. Además, en el grupo de apellidos vascos predominan en este territorio los que tienen los dos, más de la mitad (el 52%) de los que en Euskadi presentan esta circunstancia. Son el 33% de la población guipuzcoana; en las otras dos provincias presentan unos porcentajes muy inferiores, 16,4% en Vizcaya y 9,7% en Álava.

El apellido vasco predomina en las pequeñas poblaciones. Su peso se reduce según au- menta el tamaño de la población. Es el 77% en los pueblos con menos de mil habitantes. Mantiene la hegemonía hasta el tramo de loca- lidades entre 10.000 y 25.000, donde son el

56%. Por encima de este tamaño, esta pobla- ción resulta minoritaria, el 38%. En las poblaciones inferiores a los 25.000 habitantes predominan, entre quienes tienen apellido vasco, los de dos; en las ciudades con más población no llegan al tercio de ese grupo.

El 62% de la población vasca vive en ciudades mayores a 25.000 habitantes, También es el hábitat predominante en la población con apellidos vascos, pero en un porcentaje menor,

52%. El 48% restante, casi la mitad, vive en localidades de menos de 25.000 habitantes, pese a que en conjunto son sólo el 38% del total. Y es el ámbito de las personas con dos apellidos vascos, con el 61% de este grupo.

El mestizaje resulta un fenómeno característico de las ciudades más pobladas y se da sobre todo en Vizcaya y Álava, donde la relación entre el grupo mixto y el de dos apellidos es, respectivamente, 1,6 y 2,9, frente al 0,8 de Guipúzcoa. Este índice se incrementa con el tamaño de las localidades, desde el 0,6 en los pueblos de menos de mil habitantes hasta el 2,2 de las capitales. En San Sebastián esta relación es 1,3, frente a 2,5 en Bilbao y 3,6 en Vitoria. En las tres capitales el grupo mixto es superior al de dos apellidos vascos, pero en San Sebastián el mestizaje tiene un peso mucho menor.

El perfil resulta nítido. La población de ori- gen autóctono está en todo Euskadi, pero con distinta importancia según las zonas o tipos de localidades. En Guipúzcoa tiene el mayor peso y no es minoritaria. En este territorio predomina, en este grupo, el doble apellido euskérico, al que suele otorgarse una prima de autenticidad. Los apellidos vascos resultan más importantes en las pequeñas poblaciones. Casi la mitad vive en localidades con menos de 25.000 habitantes, porcentaje que se eleva al 61% si nos atenemos a los dos apellidos vascos.

El dato más relevante es el siguiente: la población con apellidos vascos es minoritaria en Euskadi, pero más de la mitad es mayoritaria en las localidades donde vive. El 55% de las personas con algún apellido vasco habita en lugares donde su grupo es mayoría. En estos sitios el doble apellido presenta una neta primacía, el 57% del grupo.

Los  municipios  donde  los  apellidos  vas- cos son mayoría ocupan un amplio espacio. El principal peso lo tiene Guipúzcoa, pero abarca a la mayor parte de las localidades vizcaínas y a algunas alavesas. Sólo hay cinco municipios guipuzcoanos donde no se da esta mayoría (Irún, Lasarte, Pasaia, Erren- teria y Zumarraga), si bien tienen al menos un 40% de población con apellido vasco. En Vizcaya este ámbito tiene también una amplia extensión, aunque no alcanza el área más densamente poblada, el entorno del Nervión. En casi toda esta conurbación la mayoría corresponde a los dos apellidos castellanos, desde Galdakao y Basauri hacia el mar, con la excepción de Getxo. También predominan en las Encartaciones, pero era la circunstancia histórica, anterior a las oleadas migratorias. El grupo de apellido vasco resulta mayoritario en unos 80 de los 110 municipios vizcaínos. En Álava lo es en 14 municipios, siendo Amurrio el más importante.

Esta área, con continuidad, abarca casi todo el territorio donde hasta mediados del XIX predominaba este poblamiento: Guipúzcoa, casi toda Vizcaya y las comarcas limítrofes de

Álava. La interrumpen algunos enclaves en Guipúzcoa y casi toda la conurbación del Nervión. Resulta muy acusado el contraste entre los dos ámbitos. Las poblaciones con predominio del origen foráneo, muy concentradas, tienen gran peso demográfico, pero aparecen como islas dentro del espacio con mayoría de apellidos vascos.

Se combinan dos circunstancias: la mayor parte de la población con patronímico vasco vive en localidades donde es mayoritaria; y el

área que ocupa, extensa y continua, se ve in- terrumpida por enclaves donde predomina la procedencia castellana. Esta tiene el mayor peso demográfico y resulta decisiva en la es- tructura global de la población, pero persiste la imagen de que constituye una suerte de ano- malía dentro de la habitual primacía del origen autóctono, que se da en la mayor parte de los municipios de esta zona.

Así, si nos atenemos al ámbito con apelli- dos euskéricos, cabe un imaginario muy distinto al derivado de la visión global del País Vasco. La clave no sería el predominio del apellido castellano junto a sólidas minorías de origen lo- cal, cuya conflictividad potencial se resolvería mediante los esfuerzos de aceptación mutua y el respeto democrático a las minorías.

Surgiría una interpretación alternativa. La normalidad histórica fue la primacía de los apellidos vascos, pero su hegemonía desapareció al llegar población foránea a algunas ciudades. La inmigración cambió la estructura demográfica global, pero la mayor parte de la población de origen vasco mantiene la mayoría en los lugares donde reside. Sucede así en casi todos los lugares donde la tenía tradicionalmente. La ha perdido en cinco municipios guipuzcoanos y una docena en Vizcaya (Bilbao, la margen izquierda, la margen derecha excepto Getxo y algunas localidades aguas arriba de la ría). Las mayorías de apellido castellano en Las Encar- taciones y casi toda Álava tienen importancia por otros conceptos, pero no como un cambio sobrevenido. Presentaban similar circunstancia cuando no fue un obstáculo para construir la primera imagen nacionalista que, por entonces sí, se fijaba en la etnia y el apellido para elaborar su teoría de la nación vasca.

Cabe así el imaginario del pueblo vasco como “pueblo invadido”. En tal esquema, la “natural” hegemonía de la población de origen local, la vivencia más frecuente para los de tal procedencia, no se produce debido al asentamiento de inmigrantes en unos pocos enclaves. La imagen se ha invertido, una vez que la referencia social son las personas de ascendencia euskérica y no toda la población vasca. La hegemonía es la experiencia más frecuente de este ámbito y puede concebirla como “natural”, que se hubiese sostenido de no mediar una especie de invasión foránea, desde esta perspectiva una anomalía. Esta lógica contribuiría a explicar que en la representación política se busque la hegemonía de los apellidos euskéricos. ¿Trata de corregir los efectos de la invasión imaginaria, buscando en lo posible la mayoría de procedencia autóctona?

Dada la composición de las representaciones políticas nacionalistas, que siempre priman a los apellidos vascos, se deduce que el mo- delo referencial del nacionalismo no es la sociedad vasca, con su característica diversidad, sino el colectivo de origen autóctono, quizás entendido como comunidad. La penetración del nacionalismo en grupos de otras proceden- cias apenas influye en la selección de cargos políticos, que favorece al origen autóctono, conforme al concepto del “pueblo invadido”.

Tienen interés algunos parámetros que de- finen al ámbito de apellidos vascos. En él, el mayor peso no lo tienen las principales ciuda- des. En las dos más importantes –Bilbao y Vi- toria– y en la principal conurbación –el área metropolitana de Bilbao– resultan minoritarios. No son por tanto representativos de la mayoría

de esta comunidad. San Sebastián y Getxo son las principales excepciones a esta circunstancia, pero en términos relativos el área hegemónica la describen las medianas poblaciones que ocupan Guipúzcoa y la mayor parte de Vizcaya –con la excepción de la conurbación del Nervión–.

La representación política nacionalista otor ga la primacía a los dos apellidos vascos. En estos términos, las pequeñas poblaciones de menos de 1.000 habitantes juegan el papel de referencia identitaria, pues dentro del área descrita casi siempre superan el 50% y a veces el 70%. Pero el mayor peso específico de este grupo se localiza en las pequeñas y medianas poblaciones. Son enclaves netamente urbanos y actividad o pasado industrial, pero bien re- lacionados con su entorno de evocación rural, bien presente en el discurso nacionalista.

Tienen particular importancia quienes viven en unas localidades de rasgos peculiares, en los que los dos grupos mayoritarios son los de dos apellidos vascos y dos apellidos castella nos, mientras que los apellidos mixtos quedan relegados al tercer lugar. Tales enclaves deben su fisonomía al empuje industrial que se inició en los años cincuenta y recibieron aportes mi gratorios de su entorno inmediato y de fuera del País Vasco. Les caracterizaron las tensiones identitarias. En conjunto, aportan el 26% de la población de origen autóctono y el 35% del doble apellido.

En el otro extremo, cabe mencionar a las principales ciudades. Bilbao es la ciudad que acoge al mayor número de población con ape- llidos vascos –unas 128.000 personas–, si bien su peso relativo en la ciudad es reducido (36%); en esta localidad predominan, dentro del grupo, los apellidos mixtos –alrededor de

92.000–. Le sigue en importancia San Sebastián, con aproximadamente 100.000 personas con algún apellido autóctono. En cierto senti- do, es la principal ciudad de la población de origen vasco, con un alto peso relativo (54%), además de ser el enclave con mayor concentración de personas con doble apellido vasco –alrededor de 43.000–. Por lo demás, esta comunidad gravita sobre las medianas ciudades guipuzcoanas y vizcaínas, dispersas pero con la homogeneidad derivada de las siguientes circunstancias: su proximidad social y geográfica al ámbito rural, su vinculación al sector industrial en pequeñas y medianas empresas, las tensiones identitarias por la convivencia con gente de procedencia foránea, y una vida urbana alejada de las grandes ciudades5

NOTAS

 

1  Este estudio tiene en cuenta el análisis del artículo Manuel Montero: “Etnicidad e identidad en el nacio- nalismo vasco”, Sancho El Sabio, vol 38, pp. 137-167; datos demográficos y los de José Aranda Aznar: “La mezcla del pueblo vasco”, Empiria. Revista de metodología de Ciencias Sociales, nº 1, 1998, pp. 121-177.

 



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