CE N´EST PAS L´EUROPE. LA UNIÓN EUROPEA ANTE EL ESPEJO SIRIO

julio 11, 2016

VIRGINIA GALLEGO SALAS

 

Sóc fugitiu de no sé on

i he perdut nord i vent i guia

de tant romandre fora món

amb mi mateix per companyia.

Miquel Martí i Pol: El fugitiu.1

 

 

En Des espaces autres (De los espacios otros), la conferencia que Michel Foucault pro- nunció el 14 de marzo de 1967, el pensador francés explica las heterotopías como espacios de desorden opuestos a las utopías. Frente a la versión perfeccionada de la sociedad que és- tas dan, las heterotopías nacerían precisamen- te del límite de lo excluido por aquellas. Para Foucault la heterotopía por excelencia sería el navío que parte hacia un destino de posibilida- des diferentes: “el barco es un pedazo flotante de espacio, un lugar sin lugar, que vive por

él mismo, que está cerrado sobre sí y que al mismo tiempo está librado al infinito del mar”2.

A principios de septiembre de 2015, con la fotografía de Aylan Kurdi, el niño sirio ahogado en una playa del oeste de Turquía, el corazón se nos trepó a la boca. La imagen conmocionó a gran parte de Europa al personalizar la inhu- manidad propia de la barbarie y se convirtió en un símbolo de la tragedia de los refugiados sirios. El barco ya no era un pedazo flotante de espacio ni Europa un destino de posibilidades.

La actual crisis de refugiados ha sido con- siderada por la ONU como la mayor crisis hu- manitaria desde la Segunda Guerra Mundial y, según ACNUR, los datos estadísticos señalan

el Mediterráneo como la ruta migratoria más mortífera del mundo.

El conflicto sirio

El escritor argentino Jorge Luis Borges con- cebía las pesadillas como grietas por donde se cuela el infierno. En marzo de 2011 esa “grieta” se abrió en Siria con la escalada de la violencia. Los opositores al gobierno exigían, mediante movilizaciones, más libertades, acu- sando al régimen de corrupción política, falta de democracia y violación de los derechos hu- manos. Las fuerzas de seguridad respondieron con una fuerte represión que, a pesar de ir en aumento, no consiguió detener a los insurgentes.

El 26 de marzo el presidente Bachar el Asad, dispuesto, al parecer, a hacer algunas concesiones, anunció la liberación de 200 presos políticos. Pero las protestas continuaron ampliándose y haciéndose más violentas. El conflicto pasó a militarizarse a partir de los en- frentamientos entre las fuerzas armadas leales al Gobierno y el Ejército Libre Sirio (ELS), prin- cipal grupo armado de la oposición, además de las acciones de diferentes facciones parami- litares y la intervención de potencias extranjeras en apoyo de uno u otro bando.

Bachar el Asad, miembro del partido Baaz

Árabe Socialista y de religión alauí, ocupa la presidencia desde 2000, tras heredarla a la muerte de su padre, Hafez el Asad, quien ha- bía dirigido el país durante veintinueve años. Actualmente la oposición al régimen de El Asad la constituyen múltiples grupos de diferente ideo- logía y con distintos objetivos. Destacan por su importancia en el conflicto, en primer lugar, el autodenominado Estado Islámico, cuya prio- ridad es mantener su “califato”3  y extenderse hacia Irak, y que no sólo combate al Gobierno sino también a otros rebeldes, tanto yihadistas como moderados, y a las milicias kurdas. En segundo término, el frente Al Nusra, formado por los yihadistas sirios que combatieron en Irak y que reconoce estar vinculado a Al Qaeda. En tercer lugar, el Ejército del Islam, cuyas milicias salafistas lidera Zahran Alloush. Y, finalmente, el citado ELS, cuyas filas se nutren de deserto- res de las fuerzas armadas. Además, en Siria también operan las brigadas locales anti-Asad y los milicianos kurdos de las Unidades de Pro- tección Popular, principal aliado de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico.

En este laberinto palpita con fuerza la cues- tión religiosa. A la división del Islam entre su- níes y chiíes se suma la persecución que su- fren las minorías cristianas, drusas y alauitas. El Frente al-Nusra y el Estado Islámico, unidos en el pasado por sus vínculos con Al Qaeda, y acusados, por el régimen sirio, de ser un pro- yecto de Occidente4, combaten ahora entre sí. No obstante, ambos son suníes y defienden el mandato de la sharía o ley islámica, a partir de su interpretación más estricta, aquella que entiende que el terrorismo es una forma válida de actuación, induciendo de este modo a que la comunidad internacional entienda que Islam y yihadismo son una misma cosa.

Por añadidura, la injerencia de las poten- cias extranjeras ha internacionalizado la gue- rra civil. Vladímir Putin no renuncia al valor estratégico que para Rusia tiene su tradicional amistad con el gobierno sirio, al tiempo que parece perseguir la condición de potencia in- dispensable en el conflicto. Y lo hace compar- tiendo posición con Irán, el otro gran aliado del presidente El Asad. Del lado contrario, Estados Unidos, Arabia Saudita y Turquía mantienen su oposición armada al régimen.

La odisea de los refugiados

Los migrantes sirios huyen de la violencia y la guerra, de persecuciones políticas y religio- sas. No se trata de una migración económica en busca de una vida mejor. Son refugiados. Según la Convención de Ginebra sobre el Es- tatuto de los Refugiados5, un refugiado es una persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera aco- gerse a la protección de su país; o que care- ciendo de nacionalidad y hallándose, a conse- cuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.

Muchos de ellos pagan una fortuna por ale- jarse de la costa libanesa a bordo de viejas embarcaciones, barcos pesqueros en malas condiciones o incluso lanchas de goma. La ausencia de una vía legal para entrar en Eu- ropa alimenta a las mafias, que aprovechan la desesperación de los refugiados para lucrarse. Los sirios los acusan de mentiras, insultos y ve- jaciones.

Cuesta imaginar los peligros a los que los migrantes se enfrentan en su travesía. Pese a ello, y a que bastantes mueren, muchos sobre- viven y otros… Otros nacen. Y, de entre los ni-

ños cuya vida arranca en los botes, aquellos que no tienen padre no solo corren un grave peligro, desde el punto de vista sanitario, sino también jurídico. Según la legislación siria, la mujer de esta nacionalidad, a diferencia del hombre, no la transmite a sus hijos, por lo que la falta de padre y de la partida de nacimiento provoca la apatridia, es decir, su consideración de personas sin estado6.

Aquellos migrantes que consiguen llegar a tierra firme comienzan una nueva odisea en la que los traficantes de personas siguen presen- tes. A diario la policía detiene vehículos que intentan cruzar las fronteras con refugiados que han pagado a las mafias por viajar escondidos en compartimentos refrigerados y dobles fon- dos, en asientos traseros, salpicaderos o moto- res. La falta de ventilación y movilidad provoca entumecimiento en las articulaciones, mareo y dolor generalizado. La muerte, a últimos de agosto de 2015, de 71 refugiados sirios en el interior de un camión frigorífico abandonado en una carretera austriaca, constató el horror de la crisis actual.

Hasta alcanzar su destino los migrantes re- corren rutas que atraviesan distintos países de tránsito. En cada uno de ellos se enfrentan a la debacle emocional de sentirse recién llegados, una y otra vez. Entran y están, por el mismo hecho de entrar, excluidos. Las cercas de alam- bre de espino y la utilización por parte de la policía de gases lacrimógenos, gas pimienta o cañones de agua contra los refugiados repre- sentan la cara más hostil de la política interior de algunos gobiernos, como el de Hungría, que aprobó el 21 de septiembre de 2015 una ley que permite a los militares utilizar ba- las de goma, artefactos pirotécnicos y pistolas de redes contra los migrantes7. El desafío del esquema binario inclusión-exclusión nos remite de nuevo a esas heterotopías, penetrables pero aisladas.

Finalmente, cuando los sirios llegan a las oficinas estatales para el registro y asignación de refugio se encuentran con nuevos obstácu- los. El hacinamiento y la falta de intimidad que conlleva, el agotamiento, la diferencia idiomá- tica y la falta de control propician el conflicto entre migrantes de distinta procedencia. En el momento de escribir estas líneas, las demandas de asilo de la población siria tienen prioridad sobre las solicitadas por migrantes provenien- tes de África o Pakistán, lo que conecta con el (otro) delicado y controvertido debate europeo sobre la juridificación de la diferencia, no sólo respecto a nosotros, sino también entre ellos. Y es que el drama migratorio actual no es sus- ceptible de una lectura unívoca. Pensemos, por ejemplo, en afganos e iraquíes que, al no huir ya de la guerra sino de la pobreza, no disfrutan de la condición de asilados, por lo que inten- tan hacerse pasar por sirios en las fronteras.

España recoge el derecho de asilo en su propia Constitución y lo regula pormenorizada- mente en la Ley 12/2009, cuyo artículo 36 reconoce los efectos que implica su concesión: “a) La protección contra la devolución en los términos establecidos en los tratados internacio- nales firmados por España. b) El acceso a la información sobre los derechos y obligaciones relacionados con el contenido de la protección internacional concedida, en una lengua que le sea comprensible a la persona beneficiaria de dicha protección. c) La autorización de residen- cia y trabajo permanente (…). d) La expedición de documentos de identidad y viaje a quienes les sea reconocida la condición de refugiado (…). e) El acceso a los servicios públicos de empleo. f) El acceso a la educación, a la asis- tencia sanitaria, a la vivienda, a la asistencia social y servicios sociales (…). g) El acceso, en las mismas condiciones que los españoles, a la

formación continua u ocupacional y al trabajo en prácticas, así como a los procedimientos de reconocimiento de diplomas y certificados aca- démicos y profesionales y otras pruebas de ca- lificaciones oficiales expedidas en el extranje- ro. h) Libertad de circulación. i) El acceso a los programas de integración con carácter general o específico que se establezcan. j) El acceso a los programas de ayuda al retorno voluntario que puedan establecerse. k) El mantenimiento de la unidad familiar en los términos previstos en la presente Ley y acceso a los programas de apoyo que a tal efecto puedan establecerse”.

En nuestro país, una vez que la Adminis- tración resuelve de forma positiva la solicitud de asilo, se pone en marcha el mecanismo de asignación de vivienda en centros de acogi- da o pisos gestionados por organizaciones no gubernamentales. Por ejemplo, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla conviven inmigrantes que han entrado de forma irregular con refugiados sirios bene- ficiados por la orden de protección internacio- nal. En este centro, que al igual que otros ha sobrepasado sus límites de capacidad, se han ampliado las instalaciones pero, pese a ello, continúa desbordado. Para comer o asearse re- sulta necesario esperar formando largas colas y la falta de medios dificulta el mantenimiento de una higiene adecuada.

Los inmigrantes acogidos en régimen abierto tienen libertad de movimiento, si bien se establecen determinados horarios de entrada. Se les garantiza el derecho a tres comidas al día, asistencia sanitaria y educación para los menores de dieciséis años. Se trata de la pri- mera fase de acogida del Programa del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, del que depende el CETI. A ésta le seguirán las etapas de integración y autonomía, de seis meses prorrogables cada una, y cuya gestión será clave para hacer frente a la crisis en España.

 

El acuerdo de Schengen

 

Los países de tránsito a los que llegan los mi- grantes sirios forman parte de Schengen: el es- pacio común de la UE, constituido en junio de

1985, con la firma de un Acuerdo entre Luxem- burgo, Bélgica, Alemania, Francia y los Países Bajos por el que se comprometieron a suprimir gradualmente los controles en las fronteras co- munes, dando paso a la libre circulación de personas. En virtud del protocolo que lo regula (anexado al Tratado de Ámsterdam), los nue- vos Estados que fuesen incorporándose a la UE deberían aplicarlo. Pero ni son todos los que están, ni están todos los que son. Irlanda, Reino Unido y Chipre pertenecen a la UE, pero no al Espacio Schengen, del que sí forman parte los extracomunitarios Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. Y, en contra de lo publicado por algunos medios de comunicación, conviene re- cordar que nunca se suprimieron las fronteras sino sus controles.

La crisis de refugiados actual hace tamba- learse el Acuerdo. Algunos países de la UE re- claman la aplicación de su artículo 2.28: “No obstante, cuando así lo exijan el orden público o la seguridad nacional, una Parte contratan- te podrá decidir, previa consulta a las demás Partes contratantes, que se efectúen en las fron- teras interiores y durante un período limitado controles fronterizos nacionales adaptados a la situación. Si el orden público o la seguridad nacional exigieran una acción inmediata, la Parte contratante de que se trate adoptará las medidas necesarias e informará de ello lo antes posible a las demás Partes contratantes”. Es de- cir, el citado artículo permite a las autoridades nacionales reintroducir excepcional y temporal-

mente controles fronterizos en caso de grave amenaza para la seguridad o de deficiencias en las fronteras exteriores del Espacio Schen- gen que puedan poner en peligro su funciona- miento general.

Se trataría de suspensiones parciales del Acuerdo, como las que se produjeron en 2011, tras las Primavera Árabe. En aquel momento la Comisión Europea aceptó la introducción tempo- ral de controles fronterizos entre Francia e Italia ante la entrada en Europa de miles de tunecinos que pretendían acceder al Espacio Schengen.

Ahora los procesos de negociación entre los países comunitarios reabren la espita, y, mientras las posiciones antieuropeistas cuestio- nan el modelo trazado tras la Segunda Guerra Mundial, algunos líderes políticos advierten de que la crisis migratoria pone en peligro la liber- tad de movimiento en Europa.

 

La UE ante los solicitantes de asilo

 

El actual éxodo de migrantes a través del Viejo Continente evidencia la falta de una po- lítica común de asilo en Europa, además de la brecha existente entre Estados miembros. Pero es precisamente ahora cuando urge un modelo homogéneo de movilidad humana que nos per- mita cumplir con nuestros deberes internaciona- les, agilizando el proceso de tramitación de demandas de asilo en aras de garantizar los derechos de los refugiados y combatir las re- des de traficantes de personas.

La disfuncionalidad del sistema llevó a la Comisión Europea a diseñar un método de dis- tribución de solicitantes de asilo ad hoc basa- do en criterios como el PIB, la población o la tasa de desempleo de los Estados miembros. El problema es que en muchos casos los refugia- dos intentan optar a un país de acogida distinto del prescrito. Lo eligen en base a la legislación y la situación económica de los distintos Esta- dos miembros, y pensando en las condiciones de recepción y en la menor o mayor facilidad para conseguir la residencia, encontrar un trabajo o acceder a las ayudas económicas.

ACNUR advierte de que, además del re- parto solidario entre los Estados miembros, también es necesario facilitar vías seguras y legales a los refugiados actuando en los princi- pales países receptores –como Turquía, Líbano y Jordania– que acogen el grueso del éxodo actual y que por ello precisan de ayuda ante la concentración de migrantes en su territorio.

Paralelamente a las medidas de acogida, los Ministros del Interior de la UE configura- ban una lista común de países de origen se- guros, cuyos ciudadanos no podrían invocar la protección de los europeos. Se trata preci- samente de los candidatos a entrar en la UE: Albania, Macedonia, Montenegro, Serbia, Turquía, Bosnia-Herzegovina y Kosovo. Con esta lista se persigue agilizar la desestimación de las solicitudes individuales de asilo de peti- cionarios procedentes de los países considera- dos seguros con el fin de aliviar la presión en los Estados miembros más afectados como Ita- lia, Grecia y Hungría. El objetivo es restringir la concesión del estatuto de asilo incluido en la Declaración Universal de 1948.

Y es que este derecho no se articula sólo en términos de seguridad, sino que lo hace en referencia al conjunto de derechos socia- les, lo que incrementa la magnitud del proble- ma para los países de acogida en relación a su capacidad de absorción. Pensemos en la escolarización de los menores de edad, que actualmente suponen la mitad de las personas que huyen de Siria: “Los Estados Contratantes concederán a los refugiados el

mismo trato que a los nacionales en lo que respecta a la enseñanza elemental”. Y en el ejercicio de profesiones liberales: “Todo Esta- do Contratante concederá a los refugiados que se encuentren legalmente en su territorio, que posean diplomas reconocidos por las autorida- des competentes de tal Estado y que desean ejercer una profesión liberal, el trato más favo- rable posible y en ningún caso menos favora- ble que el generalmente concedido en las mis- mas circunstancias a los extranjeros”. O en el acceso a los tribunales: “1. En el territorio de los Estados Contratantes, todo refugiado tendrá libre acceso a los tribunales de justicia. 2. En el Estado Contratante donde tenga su residencia habitual, todo refugiado recibirá el mismo trato que un nacional en cuanto al acceso a los tribu- nales, incluso la asistencia judicial”9.

Nuevas posibilidades de ser, también para la UE

Por arduo que sea el desafío, las políticas migratorias de corte soberanista y nacionalis- ta, esto es construcción de muros fronterizos, discurso xenófobo y expulsión de todos los in- migrantes sin papeles, no impedirían que los millones de personas que huyen de la guerra sigan haciéndolo, sino que provocarían que lo hiciesen en condiciones todavía más inhuma- nas. La intensidad del éxodo no depende de las medidas que intentan combatirlo, sino de las causas que lo propician.

La fotografía de Aylan Kurdi reformula en cierto modo el debate sobre el estado de la UE al aparecer muerto el niño, no en un país en guerra, sino en uno de los países candidatos a la próxima adhesión. De forma similar al efecto de rechazo que tienen las heterotopías frente al espejo, la UE se descubre ausente del lugar porque se contempla allí.

En la primera versión de la pintura Ceci n’est pas une pipe de René Magritte, cuyo título también da nombre a un ensayo de Foucault, vemos la imagen de una pipa y debajo una forma de negación: “Esto no es una pipa”. Su ambigüedad pervierte la relación entre la ima- gen que las palabras niegan. De igual modo, la fotografía del niño sirio muerto en la arena nos remite al concepto de la UE al mismo tiempo que niega su existencia en términos imprecisos. Devenimos testigos oculares de la muerte a través de la imagen de una UE convertida en la idea heterotópica del “lugar sin lugar”. La instantánea inquieta y cuestiona la condición misma de la UE, cuya paradoja autorreferencial oscila entre los términos de identidad y contradicción. ¿Qué es y qué no es la UE?

BIBLIOGRAFÍA

José Fernando García Cruz. Un análisis del derecho islámico. Cáceres, Servicio de Publicaciones de la

Universidad de Extremadura, 2004.

 

Daniel Macías Fernández. El Islam y los Islamismos: Religión e ideología. Madrid: Fundación Investigación

Seguridad y Policía, 2015.

 

Michael Foucault. Esto no es una pipa: Ensayo sobre Magritte. Barcelona: Anagrama, 1997.

 

Michael Foucault. Obras esenciales de Michael Foucault: Estrategias de Poder. Barcelona: Paidos Ibérica,

1999.

 

Miquel Martí i Pol. El fugitiu. Barcelona: Edicions 62, 1991.

 

REFERENCIAS LEGISLATIVAS

Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948. Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951.

Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas de 28 de julio de 1951. Constitución española de 27 de diciembre de 1978.

Convención sobre los derechos del niño de 20 de noviembre de 1989. Tratado de Ámsterdam de 2 de octubre de 1997.

Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria. Constitución de la República Árabe Siria de 15 de febrero de 2012.

NOTAS

1 Soy fugitivo de no sé dónde

y he perdido norte y viento y guía por permanecer fuera del mundo conmigo mismo por compañía. (Nota del editor.)

2  El texto de esta conferencia fue publicado en Architecture, Mouvement, Continuité, nº 5, octubre de

1984.

3 Sistema político religioso creado en 632 tras la muerte del profeta Mahoma, que implica la abolición de toda ley o norma no islámica.

4 Entrevista concedida por el El Assad, en septiembre de 2015, a medios rusos y difundida por la agencia de noticias RIA Novosti.

5 Adoptada en Ginebra, Suiza, el 28 de julio de 1951 por la Conferencia de Plenipotenciarios sobre el Estatuto de los Refugiados y de los Apátridas (Naciones Unidas), convocada por la Asamblea General en su resolución 429 (V), del 14 de diciembre de 1950.

6  Según informes de ACNUR las leyes que no otorgan igualdad a la mujer respecto a los hombres en la concesión de la nacionalidad a sus hijos son una de las principales causas de apatridia en el mundo.

7  El Parlamento húngaro aprobó la ley con 151 votos a favor, 12 en contra, y 27 abstenciones del total de 199 escaños.

8  Perteneciente al Capítulo I, Título II, de la Supresión de controles en las fronteras interiores y circulación de personas.

9 Artículos 16, 19 y 22 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados.



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