EL VIRAJE ÉTNICO DE LA INTELECTUALIDAD CATALANA

febrero 16, 2016

MARTÍN ALONSO

Espere usted, espere a que llegue un certamen cualquiera, blanco, negro, rojo o in.coloro, y verá usted cómo surgen poetas y pintores en cuanto se diga: un objeto de arte a quien cante la batalla de tal en quintillas que no lleguen a 29 y pasen de 27, y otro a quien pinte a don Fulano de tal en el momento de hacer tal cosa, un cuadro de metro de alto por metro y medio de largo. Nota. Tanto el poema como el cuadro han de estar en armonía (sin h) con nuestra salvadora doctrina y con las tradiciones venerandas de nuestros mayores (porque si no, no hay arte, ni cosa que lo valga).

Unamuno (1983: 73).

Estoy convencida de que si el ámbito político no comete disparates […], la ilusión retornará con el primer tam-tam que haga la ANC [Assemblea Nacional Catalana], y probablemente con más fuerza que nunca. Hay hambre de volver a movilizarse y hay mucha hambre de culminar el viaje.

Pilar Rahola (La Vanguardia, 17/03/2015).

Esto es lo que yo llamo la nueva traición de los intelectuales: esa pasión auto engañosa de un amplio segmento de nuestra población pensante de lanzarse de cabeza –intelectual y espiritualmente– a aventuras puramente escapistas.

Pierre-Elliot Trudeau (1964: 61).

Que después del proceso de calentamiento intensivo durante los tres últimos años, la encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) realizada entre el 26 de noviembre y el 18 de diciembre de 2014, constate que no llega al 5% (4,7%) el número de los catalanes que creen que Artur Mas está dando solución a los problemas de la comunidad, es todo un síntoma. El mismo estudio revela que las relaciones Cataluña-España sólo es el principal problema para el 14,6% de los encuestados. En la lista de lo que peor puntúan del gobierno, por este orden: los recortes sociales y el derecho a deci.dir (El País, 31/01/2015).

Este dato hay que completarlo con una con.ciencia en las elites políticas de que el catalanismo ha logrado sus objetivos largamente anhelados. Leamos a Miguel Iceta en la prehistoria del ‘proceso’ (en adelante sin comillas): “De poco suele servir recordarles que el catalanis.mo ha obtenido grandes victorias en los últimos treinta años: nuestro país goza hoy del más alto nivel de autogobierno de los último siglos, ha garantizado la unidad civil y la pervivencia2 de la lengua y la cultura catalanas… Si el catalanismo debe renovarse, es a causa de su éxito, no de su fracaso” (ABC, 02/07/2009). (Habría que pedirle explicaciones a Iceta por el acotamiento temporal a los últimos siglos que delata un sesgo presentista). Pero, desde más cerca en el tiempo y más próximo al etnocentro, Santi Vila, Conseller de Territori (CDC), se refiere a “los 40 años de más progreso que han vivido nunca Catalunya y España” (La Vanguar.dia, 29/01/2015). De modo que es evidente la esquizofrenia entre la longitud de los logros y la interminable producción de listas de agravios. Y es llamativo que sean las últimas las que más resuenan. La explicación de la incongruencia está en la cocina. John R. Zaller (1992: 313) define la dominación elitista de la opinión como “una situación en la que las élites inducen a los ciudadanos a mantener opiniones que no sostendrían si tuvieran en cuenta los análisis y la más fundamentada información disponible”. Volveré enseguida sobre la cocina y el supuesto superconsenso. Antes y para apuntalar la inesperada deriva, un corte en el estado de opinión de 2002 en boca de un observador extranjero bendecido y financiado por Òmnium Cultural (como se sabe, con ANC, el motor del proceso), Kenneth McRoberts (2002: 414):

“La independencia para Cataluña no es probable. Puede ser que unos cuantos jóvenes que tienen el catalán como lengua materna y que tienden a identificarse principalmente con Cataluña, la encuentren atractiva, pero los catalanes de origen, en su gran mayoría, continúan ligando la identidad catalana con la española, y el hecho de que el castellano sea actualmente la lengua materna de casi la mitad de la población de Cataluña excluye la posibilidad de un movimiento independentista”.

Así se veía el paisaje en 2002, desde dentro. De modo que la pregunta brota espontánea: entonces, ¿cómo hemos llegado a esto? Pocas veces un proceso de alcance es explica.do por una sola variable. En el que describo, el activismo de las élites no es desde luego el único que explica la eclosión soberanista, pero creo que es el principal. Como he señalado, el éxito del catalanismo es inseparable de la visión estratégica del líder que ha estado al volante de la influencia durante un cuarto de siglo, Jordi Pujol. Visto en horizontal, lo que ha conocido el territorio catalán en los últimos años puede describirse en términos de opinión y movilización como un giro, viraje, o rotación; o de otra manera, una migración ideológica que ha dejado irreconocible el paisaje político. Hay varios indicadores de la transformación del paisaje, pero acaso el más elocuente es la vir.tual desaparición de la estructura dual vigente durante tres décadas –los ejes izquierda-derecha, autonomismo-independentismo– o, mejor, el colapso del primero, que ha supuesto que la sociovergencia se ha desleído en etnoconvergencia. Desde la perspectiva cenital, este pro.ceso coincide –y es lo que aquí interesa– con la migración de una parte de la intelectualidad, desde la órbita de la izquierda al nacionalismo; el inicio del trasvase puede situarse en la caída del Muro, para la variante comunista, y el cénit en la desbandada socialista subsiguiente al hundimiento del tripartito y la vuelta de CIU. Esta mudanza ha venido a sumarse a la que se produjo en los primeros años de la transición desde el franquismo al nacionalismo. Lo dijo entonces Àngel Colom, él mismo migrante bien colocado: “CiU es la derecha más dura y pura, que a menudo recicla a los franquistas” (La Vanguardia, 18/12/1991). Consecuen.cia del giro es el trastorno hermenéutico que ha llevado a retroproyectar el mapa étnico resultante sobre la historia, de modo que ésta ha sido acomodada por una cohorte de emprendedores étnicos o etnitchiks en el molde dual que prescribe el mapa: España contra Cataluña. Salvador Pániker nos refresca en Segunda Memoria la memoria fiel con una anécdota que no desmentirían los orígenes del Banco de Madrid, hoy de fangosa actualidad: “Le dije a López Rodó ‘Cataluña tiene el complejo de haber perdido la guerra civil’. Replicó él sin ninguna vacilación. ‘Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima de haberla ganado’”.

Ganar, es decir, poder, he ahí la cuestión. Lo decía claramente el político-intelectual Francesc Homs en un lugar que es ya un mensaje, El Born Centre Cultural, en una conferencia sobre Joanot Martorell: “No se puede ganar sólo con la convicción. Es necesaria pero no suficiente. Hace falta poder. Y el poder no tiene mucho de épico. El poder es frío” (wilaweb, 12/03/2015). Homs es claro. Maquiavélicamente claro, incluso en su elogio de la “liturgia del poder”. El poder sirve, entre otras cosas, para establecer el relato canónico sobre lo que pasa, y ello es posible porque maneja el sistema de distribución de recompensas que prefigura las inclinaciones de la producción cultural, primero, y de la opinión pública, después.

Desde este punto de vista, la migración es más bien un arrastre sutil. La estructura del estado de las autonomías permitió al titular más longevo de la Generalitat remodelar el espacio catalán a su antojo. Y esa concentración de poder e influencia aseguraba la hegemonía hermenéutica. No parece haberse prestado suficiente atención a este extremo. En la interminable lista de artículos de opinión sobre el asunto, encuentro que destaca por el empeño en incorporar una clave de lectura una columna de Patxo Unzueta titulada parsimoniosamente “El avalista” (El País, 26/02/2015). Para aclarar el título: “No ha sido Pujol impulsor del viraje pero sí su principal avalista: el legitimador a los ojos de los independentistas sobrevenidos –la mayoría de los que hoy proclaman serlo– del salto”. Por su capital de crédito y porque nunca la había apoyado, su viraje hacia el independentismo “tuvo gran impacto y poder de arrastre”. Pero lo que llama la atención de Unzueta es una “extremosidad, ajena a su estilo, de los argumentos que invoca”. Y esto le alienta a indagar por el terreno de la psicología y formular la siguiente hipótesis:

“La vergüenza ante la posibilidad de tener que responder de delitos de fraude, blanqueo y tráfico de influencias tuvo que ser una tortura para alguien que a su edad, más de 80 años, tenía como interés máximo el de preservar su legado. Frente a esa tortura, la independencia podía ser vista como una salida. Siempre que la desconexión con España incluyera cortar con la justicia española y el sobreseimiento de los sumarios abiertos por motivos que los afectados consideran políticos”.

Desde luego, la hipótesis es de una elocuente simplicidad. Y viene a avalar la intuición de Liah Greenfeld (1992: 488) de que no se ha prestado suficiente atención a la vanidad como factor explicativo de procesos sociales de alcance. Efectivamente la ciencia política ha privilegiado el cerebro (racionalismo) o el corazón (nacionalismo), pero ha descuidado un triángulo anatómico fundamental delimitado por el ombligo, el intestino y las glándulas. La corrupción (el intestino) es la pieza que anuda la alianza socioconvergente con una base orgánica más determinante que el organicismo idealista de cuño herderiano. Para el lado convergente la entomología enciclopédica de Antonio Santamaría (2014) proporciona datos abrumadores hasta el hartazgo. E ilustra que la prioridad de la protección intestinal conformó a CiU y PSC como una pareja política de hecho. En la medida en que se vio que la bandera era el mejor expediente para salvar la vergüenza, no es de extrañar que una sección notable del socialismo optara por adoptar ese escudo umbilical. En todo caso, se han prestado apoyo recíproco para evitar comisiones de investigación. La “corrupción estructural” (Santamaría, 2014: cap.10) es una variable determinante del proceso. Y explica, creo, que un hecho del calado de la confesión de Pujol, no haya tenido consecuencias proporcionales a la dimensión simbólica del personaje.

La confusión de lo material con lo espiritual es una pieza decisiva para encubrir la cuestión de clase. Hay que reconocer a Joan Puigcercós, hombre fuerte de ERC y consejero de Gobernación de José Montilla, el mérito de la claridad (El Periódico de Catalunya, 16/09/2007):

“El modelo [de las autonomías] se ha agotado por una razón muy sencilla: porque no nos permite vivir todo lo bien que podríamos. No hablo ya de independencia, sino de que el actual sistema de encaje dentro del Estado español es un yugo que nos impide llegar a los niveles de bienestar y calidad de vida que se.rían justos para una sociedad dinámica y avanzada como la nuestra. España, sin tapujos, es un lastre para Cataluña“.

Añade luego algo en apariencia gratuito desde el punto de vista de la lógica de este primer argumento: “Tal como somos, no nos quieren”. Extraña pareja, la del repudio del café para todos y la atribución del repudio a aquellos a quienes se niega el derecho al café. Y recordemos el momento de la formulación, puesto que tanto se insiste en la centralidad del verano de 2010 y la responsabilidad de la sentencia del Tribunal Constitucional contraria a ciertos artículos del Estatut. Tres años antes ya estaban algunos cocineros en plena faena.

Y las muestras de la activación del triángulo son omnipresentes: recordemos la de Narcis Serra, a quienes le acusaban de ladrón por las escandalosas subidas de sueldos en Caixa Catalunya. El incendio antes que la vergüenza. Si damos esto por bueno, las fórmulas léxicas recogidas (migración, giro, viraje, salto, por el resultado; arrastre, por la secuencia causal) remitirían en última instancia a lo que podemos llamar un volantazo (o un golpe de timón, para hacer valer la propia metáfora de Pujol que le vería como piloto en la nave capitana y que tan bien describe la influencia concentrada de la elite). A la vista de la enorme sima o desfiladero de la vergüenza –para robarle otra metáfora–, Pujol compró la prometedora rece.ta mágica del independentismo. La identidad como distractor, como pantalla opaca para salvaguardar su autoestima, tan gravemente afectada por varias décadas de insolidaridad patriótica3. Pero el asunto no concernía sólo a Pujol, sino a una nómina extendida de la clase política como revela un memorial acaso más espeso, pero, desde luego, más consistente que el de los agravios (lo que no es distintivo de Cataluña, hay que repetirlo). Que no es pasado. En la conferencia del portavoz de la Generalitat en el solar de las esencias, se pudo oír esta perla: “Nos hemos aficionado a exigir una transparencia banal. Pedimos transparencia en cosas nimias que sólo sirven para ali.mentar el chismorreo. ¿Qué importa saber si la Generalitat tiene veinticinco coches oficiales o cincuenta?” (wilaweb, 12/03/2015).

Los mecanismos para desviar la mirada y la responsabilidad son múltiples dentro del mismo supuesto motivacional. Cuando se desvela el asunto de corrupción del Palau, el ex Bandera Roja e intelectual orgánico Agustí Colomines contraataca diciendo que es una maniobra del tripartito para desviar la atención sobre la cri.sis económica; cuando estalla el escándalo de las loterías de la Generalitat, Pujol contraataca denunciando en los métodos de la oposición la intención de “ensuciar, salpicar todo, llenar de porquerías” (Santamaría, 2014: 496, 454). Los ejemplos serían interminables.

Con el poder, el catalanismo puede establecer lo que se puede ver y lo que no. Por ejemplo no se ha podido ver cómo una adjudicataria de TV3, tan de la casa, entregó cuantiosas sumas de dinero a las mujeres del hijo y secretario de comunicación de Jordi Pujol4. El poder se traduce en organización y el volanta.zo ante el coste reputacional de la corrupción supuso que una maquinaria bien engrasada (la infraestructura de resonancia identitaria) funcionó a pleno rendimiento en la dirección del líder. Y esto nos devuelve al terreno de los intelectuales, porque son ellos quienes articulan los contenidos en forma de marcos, quienes establecen los relatos canónicos. Como escribe Jonathan Githens-Mazer (2007):

“Mitos, memorias y símbolos se convierten en factores movilizadores proporcionando con ellos a los individuos vías de acceso para implicarse en las reivindicaciones nacionales. […] La memoria colectiva, en la medida en que establece el significado de los acontecimientos pasados es un factor causal a la hora de interpretar el sentido y decidir las reacciones apropiadas a los acontecimientos contemporáneos”.

La plantilla histórica “España contra Cataluña” se convierte así en vademécum. Con poder prescriptivo. Sigo echando mano de la anécdota. Ésta contada por Le Monde (28/12/2013), para evitar imputaciones par.tidarias. En la sala del Institut d’Estudis Catalans (IEC) donde se celebraron, las conferencias del Simposio Espanya contra Catalunya: una mirada histórica estuvieron pautadas “por los aplausos más o menos calurosos en función de la vehemencia de las críticas contra España. Ni las preguntas del público ni el intercambio de opiniones estaban autorizadas”. Lo que dice bastante de la incongruencia de denominar simposio a un acto de afirmación nacional. Puede afirmarse que el Seminario es el estrambote de la primera etapa de catalanización, la que corre a cargo de los intelectuales de las disciplinas de Humanidades que consiguen imponer un canon cultural que tiene en la lengua su médula. Y su ariete.

La meta del catalanismo que acompañó a Pujol queda bien caracterizada por una expresión de Eduard Voltas (1996: 63-66): “la larga marcha hacia la catalanización total”. La tro.pología bélica del título no es un azar. En la vanguardia se encuentra el Servei d’Ensenyament del Català (SEDEC) al mando de Joaquim Arenas. El SEDEC se inspira en la DEC (Dele.gació d’Ensenyament del Catalá) de Òmnium Cultural. Como asegura Voltas “es importante señalar que el modelo de la DEC parte de un apriorismo político” que aparece así formulado por el propio Joaquim Arenas (1988): “Cataluña y el conjunto de los Países Catalanes constituyen una nación con todo el derecho para actuar como un pueblo libre. […] Cualquier pueblo no oprimido tiene la escuela en su len.gua”. De acuerdo con este a priori, “todas las escuelas tienen que saber que, a medio plazo, el objetivo era la catalanización total o casi to.tal”. El personal del SEDEC forma parte de una “pequeña gran familia” y se siente unido en “su papel de vanguardia”; son “la primera línea de batalla del proceso de normalización lingüísti.ca. En expresión de un alto responsable de la conselleria: ‘los que están en las trincheras’”. Junto a la metáfora bélica, la culinaria. “Así, quien controle ‘las cocinas’ de la conselleria d’Ensenyament controlará la aplicación de la ley [de normalización]. Y las cocinas eran de Joaquim Arenas”. ¿Con qué resultado? “Una tarea que se llevó a cabo a lo largo de la dé.cada de los ochenta y que hoy está práctica.mente culminada”. Es decir, éxito en la catalanización cultural, como primera fase o rampa de lanzamiento para la fase política5.

Hay varios indicadores más que avalan el éxito que constata Voltas. Seguramente el más epidérmico y visible es el proceso de metamor.fosis onomástica. Según wikipedia, Mas pasó del Arturo del DNI a Artur en este milenio. Más difícil es comprender que siguiera sus pasos el líder de UGT, hasta devenir Josep María. El ter.cer ejemplo es de mayor calado. Me refiero a José Manuel Jiménez Gil, castellanohablante de padres murciano-aragoneses, como cuen.ta con orgullo –no por lo que era sino por lo que devino– el mandarín y biógrafo de Pujol Manuel Cuyàs (El Punt Avui, 11/09/2014; Avui, 12/04/2011). Se observa una transfor.mación asincrónica en las cuatro piezas en el camino que le lleva de su trabajo inicial como profesor –según Cuyàs– a su dedicación po.lítica y su pluriempleo identitario. Así, vemos a José transformarse en Josep, Manuel en Ma.nel, Jiménez en Ximenes y luego en Ximenis, hasta la apoteosis etnoconcordada: Josep Ma.nel Ximenis i Gil. La mutación léxica refleja su crescendo militante. Abandona ERC por colaboracionismo con el gobierno de Montilla y se alista en la CUP con la que llega a la alcaldía de Arenys de Munt. Su currículo es de vértigo: presidente del Moviment Arenyenc per a l’Autodeterminació (MAPA), president de la Coordinadora Nacional per la Consulta sobre la Independència de la Nació Catalana, secretario de l’Associació de Municipis per la Independència (AMI) pero, sobre todo, impulsor y coordinador de la Consulta sobre la independència de Catalunya en Arenys de Munt (13/12/2009), la primera consulta y la inspiración para las de.más como se precia Cuyàs; en las otras será responsable de formación de los voluntarios. Es también valedor de las iniciativas del Institut Nova História, al que me referiré luego, y que es criatura de otro miembro de la CUP. ¿De qué se precia Cuyàs? Fue su profesor cuando Ximenis era Jiménez y sólo hablaba castellano en la escuela de Mataró. Por eso presume de la paternidad espiritual sobre alguien a quien atribuye la paternidad del Com hem arribat fins aquí, de la crecida del suflé. En sus palabras (El Punt Avui, 11/09/2014):

“Hay mucha gente que sitúa el origen el 10 de julio de hace cuatro años, en aquella mani.festación contra la sentencia del Estatuto, pero yo lo sitúo un año antes, el 13 de septiembre de 2009, cuando se celebra la primera consulta en Arenys de Munt, una población que ya veía que el Estatuto estaba abocado al fracaso“.

La cronista que extrae estas frases de una conferencia de Cuyàs añade que “tal ‘arrencada’ del proceso hace cinco años da pie al periodista para explicar que quien va a impulsar aquella consulta es ‘un jove que es diu José Manuel Jiménez però a qui ara diuen Ximenis’”6. (¡Y aquellos que maldecían a Murcia por ser patria del anarquismo!).

Las metamorfosis onomásticas ilustran bien la dislocación del espacio político o, en otras palabras, la laminación identitaria; pues no hay señal más cabal de ello que el cambio de nombre propio, para añadir un sintagma a la serie interminable de los anhelos ‘propios’. La geometría tridimensional de la transición –franquistas-antifranquistas, catalanismo-obrerismo, derecha-izquierda– se redujo al espacio plano soberanismo-autonomismo. Los marcadores de afiliación, de esa única afiliación de bon ton, se han convertido en símbolo de status7. De modo que en los círculos oficiales el catalán es de rigueur; en medios como El Punt Avui o Ara, el castellano se usa con escasas excepciones como punching bag. Ha desaparecido en la práctica de la vida oficial. El asunto llega a tal exceso que el último de los diarios al dar cuenta de un coloquio con Juan Marsé, con motivo de la presentación de su biografía en un programa de nombre Kosmopolis celebrado en el CCCB, la vierte al catalán; hay que hacer constar que la mayor parte de las intervenciones de los participantes fueron en castellano8. Añadamos la anécdota de Josep Fontana aireando su negativa a traducir su último libro al castellano (El Periódico, 22/10/2014). Es difícil comprender la autoamputación que significa renunciar a una parte bagaje cultural. ¿Por ‘impropia’?

No sólo el castellano, sino, en muchas ocasiones, la cultura que pueda asociársele9. En cierta medida es, se ha dicho, como con Franco pero al revés. No extrañará entonces que, según escribía Th. J. Miley, antes de la eclosión (2006: 434), los sociolingüistas constituyan básicamente “un subgrupo dentro de la categoría general de los militantes nacionalistas de Cataluña”. La apreciación desborda esta parcela disciplinar. El libelo contra Enric Ucelay Da Cal y Borja de Riquer (Alonso, 2015b: 171) es un buen indicador de la eficacia de los cocineros de la catalanización total más allá de la len.gua. Como constata Jordi Amat (La Vanguardia, 19/06/2013), el libelo “ se construyó a partir de un principio ontológico servil: los historiado.res no podían cuestionar el relato homogéneo sobre el cual el nacionalismo había construido la médula de su cultura política. Era, pues, una amenaza de exclusión. Si disentías del relato oficial te convertías en apestado. […] a la historiografía del país, desde el punto de vista de la dignidad, entonces le tocó digerir una bocana.da bien amarga. Agria y reveladora. Porque la gestación del libelo, por chapucera que fuera, delataba también un temor: el miedo a que el catalanismo –el movimiento patriótico que ha dado forma a la Catalunya contemporánea– en versión nacionalista pudiera caducar en la medida en que las transformaciones de la sociedad se explicaran sin situar como eje central el auto.denominado movimiento de construcción nacional. […] Por eso, pasados los años, leído desde la óptica de la historia intelectual, la aparición del libelo puede entenderse como uno de los primeros síntomas de un periodo crítico de debate ideológico –el tramo central de la década de los noventa– que, a la larga, con respecto al catalanismo, tal vez se haya convertido en decisivo“.

La aseveración de Amat tiene otros valedo.res. Cuando Caro Baroja escribió que los textos fundacionales de los nacionalismos vasco y catalán eran de segundo orden, los historiado.res catalanes –no los vascos– discreparon ra.dicalmente (El País, 28/02 y 01/03/1990). Hubo algo más que discrepancia, no sólo de los nacionalistas también de comunistas como Josep Fontana, con Jordi Solé Tura cuando ca.racterizó la doctrina de Prat de la Riba como burguesa (Amat, ib.). Desde esta sensibilidad canónica se pone en marcha una “operación de relectura histórica, simbólica y geoestratégica por parte del Gobierno de la Generalitat que ‘no busca el enfrentamiento sino la instalación en la distancia’”, observa Santamaría (2014: 448), sintetizando otras fuentes y en sintonía con la metáfora geológica de Pujol caracterizando el proceso como un hecho sociológico consistente en un distanciamiento emocional, de placas tectónicas que se divor.cian (Alonso, 2015: 41).

De modo que el “superconsenso” sobre la política lingüística, por una parte, abarcaba toda una Weltanschauung y, por otra y princi.pal, no era consenso sino dominación de elite (Miley, 2006: 254). Pero lo percibido como real tiene consecuencias reales, sobre todo si se dispone de ingenieros para convertir las profecías en realidades. Melcior Comes, premia.do escritor de ficción, desde el santuario de El Born, resume de forma inmejorable la penetración de la Weltanschauung: “Ahora más que nunca la política catalana es una gran novela en marcha”. Difícil expresarlo mejor; en efecto, la pararrealidad de la liturgia del tricentenario ha desplazado a la realidad de las privatizaciones, la corrupción o los recortes.

Y la realidad se recompone en su estela por la taumaturgia del poder organizacional. Como observa Rawi Abdelal (2001: 40), dado que el contenido de la identidad nacional especifica la pertenencia, la elite del poder privilegia a los miembros, de modo que los mecanismos de distribución son politizados siguiendo líneas étnicas. Así se entiende que para una parte de la población, como ocurrió en las repúblicas yugoslavas en los años 60 tras la descentraliza.ción, la “inversión en nacionalidad” fuera una decisión racional (Dallago y Uvalcic, 1998). En el prólogo al libro Los nacionalismos (Gui.bernau, 1996: 2), Giner levanta acta de esta pieza redistributiva del nacionalismo consistente en establecer “la particularidad, los privilegios, los derechos específicos de un pueblo. Tales derechos pueden ser lingüísticos, culturales, económicos y religiosos”. Si atendemos a la re.modelación del sistema de recompensas que ha conocido España, resulta que “la descentraliza.ción ha fortalecido el clientelismo y la captura de recursos públicos como elementos centrales de la acción política” (Pablo Beramendi, El País, 22/01/2015)10. Si tenemos en cuenta el sesgo de redistribución asimétrica que glosan Abdelal y Giner y superponemos la variable contextual de la crisis el combinado identidad-corrupción adquiere un protagonismo indiscutible11.

Mary Kaldor (1999: 79-84) ha señalado que en momentos de crisis o escasez la nacionalidad se convierte en un arma en la compe.tencia por los recursos. Pero no se trata sólo de recursos materiales. La politóloga menciona que la pérdida de legitimidad de la clase po.lítica de los países del Este tras la caída del comunismo propició el que se privilegiara a los miembros de la nacionalidad titular a la vez que se promocionaba la lengua y la cultura particulares. El resultado es lo que Zaslavsky ha denominado una “explosiva división del traba.jo”, en la que la élite autóctona copa las posiciones dominantes. Por eso, sostiene Kaldor, pese a la omnipresencia de las invocaciones al pasado esta nueva política de la identidad responde a factores contemporáneos. En particular la globalización neoliberal. La política de la identidad va asociada con la “economía paralela”. Corrupción, especulación y delitos financieros forman parte del lote de las rece.tas neoliberales. Como el desempleo y la des.igualdad. Las redes de corrupción se han dado cuenta de la funcionalidad del lenguaje de la política de la identidad para construir alianzas y legitimar sus actividades. Los oasis sociales no medran sin cloacas.

La recrudescencia de la crisis coincide con el final del tripartito que a su vez es la expresión de una caída en la percepción de la legitimidad de la élite política. La vía catalana es un expediente imaginario para salvar un desfiladero real. Permitió a una parte de los responsables del desastre faire peau neuve; y la transmigración ideológica es una forma de subirse a la lancha salvavidas inflada con los materiales gaseosos e inflamables del repertorio romántico. De ahí el incremento exponencial de la oferta de productos identitarios. Que no es sólo de orden cuantitativo. Agotada la primera fase del “apriorismo político” una vez materializada la Weltanschauung en catalanización total, gracias a la cocina de los intelectuales y la fontanería de los medios, la inversión en nacionalidad necesita nuevos productos competitivos: es la hora de la tarea política y el momento de los arquitectos para el state-building. Las protoinstituciones estatales son uno de los escasos yacimientos de empleo en es.tos tiempos de estrecheces: otra vía por la que la crisis favorece la inversión identitaria. La prueba de su vigencia es la doble dimensión de la competencia, la fácil que externaliza hacia fuera, y la difícil que rivaliza dentro. Lo primero está claro, de lo segundo hay múltiples muestras; baste citar la porfía entre las juventudes más radicalizadas y los políticos con despacho en CiU, la de CDC con UDC, la de ERC con CiU, por un lado, o el enfado de Mas con la ANC “por arrogarse funciones que no le corresponden”, como “asumir la gobernación de Catalunya en caso de que el gobierno central interviniese el autogobierno de la Generalitat” (La Vanguardia, 17/03/2015), por otro. La faltó decir a Mas que los nogales los plantó su mentor. El derecho a decidir es la fórmula mágica, la cabeza tractora del convoy de la migración ideológica. O, para volver a la cocina, el plato más seductor del banquete de una intelligentsia escorada.

NOTAS

1 Estas páginas forman parte de un estudio, del que ha aparecido un primer volumen con el título El catalanismo, del éxito al éxtasis. I. La génesis de un problema social (Barcelona, El Viejo Topo, 2015).

2 Hay desde luego más voces que señalan la importancia de la corrupción (Alonso, 2015: 65, 157, 198). En la misma dirección Augusto Delkader destaca, “el despilfarro realizado por los partidos nacionalistas catalanes de su capital político y el asentamiento de la corrupción generalizada en su comunidad, mientras se articulaban, sin ningún tipo de escrúpulos para ocultarlas, acciones para exacerbar falsas cuestiones identitarias” (El País, 29/03/2015).

3 El secretario de comunicación de CDC, estrecho colaborador de Pujol y de Mas, David Madí, es una figura que da juego metafórico: para los circuitos de puertas giratorias por terceros interpuestos, como refleja este dato, y para la cocina, como refleja su maestría en el estofado de las encuestas sobre la intención de voto de la Generalitat (Santamaría, 2014: 409).

4 No sé si es casualidad o subproducto de la hiperactividad de los cocineros. Compré el libro de Voltas en una librería de lance, tiene un sello en la primera página con este rubro: “Obsequia: Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura. Serveis Territorials. Tortosa”. No sé si era el único ejemplar. Ni cuando se efectuó la donación. Eduard Voltas fue Secretario de Cultura por ERC, cuando este partido ocupaba esa Conselleria en el tripartito.

Lo dice Cuyàs en Avui (12/04/11), pero lo encuentro en la web altres andalusos, que incorpora logotipos de otras tantas dependencias de la Generalitat que la apoyan, dos años después (14/05/2013).

6 Salvador Giner, desde la presidencia del IEC reclama para el catalán el título de lengua de prestigio (Alonso, 2015: 35). El prurito diferencialista había llamado la atención a Pío Baroja en una visita a Barcelona (El Sol, 11/11/1931, en V. M. Arbeloa y M. de Santiago (eds.), Intelectuales ante la Segunda República Es.pañola, Salamanca, Almar, 1981: 56). Así lo expresa: “Por allá estuve… Por cierto que no vi ese separatismo que dicen. La gente habla menos catalán que nunca; el pueblo, poco; los señorones, sí. Esos lo hablan bastante; pero se les nota que por un prurito de ostentación. Allí la gente vive muy preocupada por las cuestiones económicas; por el Estatuto, poco, muy poco”.

7 He aquí la frase, retraducida o destraducida, que no sólo vale para ejemplificar la extensión de la estolidez: “De lo único que me arrepiento es de haber nacido en este país. También me he equivocado de época, de sexo y de religión –asegura con socarronería–. Cada vez me cuesta más aguantar al país” (Ara, 19/03/2015). El cronista se atreve a aventurar alguna relación entre el cansancio de Marsé y la estolidez.

8 Desde luego no hay autores ‘castellanos’ en el Simposio Espanya contra Catalunya: una mirada histórica, tampoco en el seminario de CatDem “Populist vs Cosmopolitan Nationalism: Implications for a Liberal Europe” (25-26/10/2012). Pero, aunque puede ser casualidad, el 24 de mayo de 2014, dentro del programa del Tricentenario Jordi Savall ofreció en el Gran Teatre del Liceu un concierto titulado De la Guerra dels Segadors a la Pau d’Aquisgrà. 1640-1714-1748, batalles, tempestes i celebracions de la pau, con una muestra selecta de músicos de Valencia, Italia, Inglaterra, Austria o Cataluña (http://tricentenari.bcn.cat/es/programa/noticies#node-810). El programa completo incluía 14 conciertos y una cincuentena de músicos con una llamativa ausencia. El conseller de Cultura, Ferran Mascarell, historiador y él mismo migrante ex-PSC, subrayó que la selección de los conciertos y los artistas “es un manifiesto en sí mismo”, que refleja conceptos como “resistencia, heroicidad y revuelta”. La precisión hace innecesarias las conjeturas sobre la motivación de las ausencias hispánicas en la selección. Por si no estuviera claro, añadió: “Toda mirada al pasado se hace desde el pre.sente; dentro de cien años, cuando se celebre el cuarto centenario dentro de una Cataluña independiente, las cosas se celebrarán de una manera diferente” (La Vanguardia, 27/01/2014). Quizás hasta haya entonces un espacio para nombres del otro lado del Ebro.

9 Desde luego es un fenómeno que se aprecia en todas las unidades resultantes, con una proclividad al localismo que predetermina en buena medida la demanda de producción cultural con los evidentes riesgos de provincianismo y añadidos (como esos monumentos kitsch a las glorias o personalidades locales).

10 Pierre Vilar establecía una relación entre la crisis que representó la pérdida de Cuba y la eclosión del ca.talanismo. Las relaciones catalano-cubanas tienen componentes que desbordan lo económico y han inspirado la creación literaria contemporánea (Sabate-Llobera, 2007).

11 La incidencia de la crisis es un elemento de contraste que probablemente explica el diferente comportamiento de las bases nacionalistas y de una parte de la sociedad en Cataluña y el País Vasco, hermanadas por el lado de la querencia identitaria. Como muestran Ricardo Méndez y cols. en Atlas de la crisis (2015), estas dos comunidades se encuentran en situaciones opuestas en términos de vulnerabilidad, con el País Vasco en el lado más favorable (ocho de las localidades menos afectadas son vascas) y Cataluña en el de mayor vulnerabilidad, con todo el arco mediterráneo con la excepción de Granada. Hay otro aspecto significativo. Cataluña, como refleja Daniel Runde (Forbes, 08/04/2015), es la región más endeudada de España y ha recibido cantidades considerables para su rescate del gobierno central. Runde publica este artículo durante el viaje de Mas a EE UU; además de señalar los enormes costes de la independencia para todos los actores y de incurrir en algún lapsus con los tópicos repetidos por la megafonía nacionalista, Runde deja dos observaciones interesantes. La primera aventura que la puja independentista de Mas puede ser en última instancia un medio para extraer concesiones de Madrid. Añade que es un juego peligroso. Y añado yo que es un juego al que el nacionalismo está mal acostumbrado por el peso, este sí bien asimétrico, que un sistema de bipartidismo imperfecto ha otorgado a los partidos nacionalistas ‘oficiales’ (CiU, PNV). La otra observación es más enjundiosa. En su literalidad: “es una enorme ironía que el mentor político de Mas, Jordi Pujol, sea una de las razones de que fracase la independencia de Cataluña”. Se refiere al escándalo familiar, claro. Según mi esquema, es algo más que una ironía, una especie de acto fallido al revés: si el éxtasis nacionalista es una maniobra de distracción frente a la corrupción, el que la corrupción sirviera de gas carbónico para apagar el primero sería un exquisito final para una novela panglossiana en la que siempre ocurre lo mejor. Sin embargo no será así, y no lo será por cómo funciona el esquema de los problemas sociales (Alonso, 2015: 46): las nuevas fases generan su propia dinámica, de modo que ninguna desautorización de las anteriores devuelve el proceso a su estado inicial. Porque, además, hay desautorización de las desautorizaciones. Agustí Colomines pone su parte acusando a todos los partidos que apoyan la comisión de investigación de Pujol en el parlamento catalán “–incluyendo C’s, intelectualmente dirigido por ex miembros del PSUC– [de que] aprovechan el episodio del fraude fiscal de la familia Pujol para reinterpretar la historia de las tres últimas décadas” (economíadigital.es, 20/03/2015). La lógica sublimada. Aprovechando autoinculpaciones sobrevenidas e hiperadaptativas como la del muñidor del Simposio e historiador J. Sobrequés, recogida por Colomines: “Los del PSC fuimos tarradellistas en gran parte para erosionar a Pujol”.

REFERENCIAS

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Martín Alonso (2015): El catalanismo del éxito al éxtasis, I. La génesis de un problema social. Barcelona: El Viejo Topo.

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Bruno Dallago y Milica Uvalic (1998): “The Distributive Consequences of Nationalism:     The Case of Former Yugoslavia”, Europe-Asia Studies 50 (1), enero: 71-90.

Jonathan Githens-Mazer (2007): Ethno-symbolism and the everyday resonance of myths, memories and symbols of the nation, Ponencia presentada al Congreso Everyday Life in World Politics and Economics, LSE. London 11/05/2007. Disponible en la web.

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Kenneth McRoberts (2001): Catalonia: nation building without a state. Oxford: Oxford University Press.

Ricardo Méndez; Luis D. Abad y Carlos Echaves (2015): Atlas de la crisis. Impactos socioeconómicos y territorios vulnerables en España. Valencia: Tirant lo Blanch.

Thomas Jeffrey Miley (2006): Nacionalismo y política lingüística: El caso de Cataluña. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC).

Nuria Sabate-Llobera (2007): Cuba como geografía literaria en la narrativa catalana contemporánea. University of Kentucky Doctoral Dissertation, Paper 566. http://uknowledge.uky.edu/gradschool_diss/566.

Antonio Santamaría (2014): Convergència Democràtica de Catalunya. De los orígenes al giro soberanis.ta. Madrid: Foca.

Pierre-Elliot Trudeau (1964): “The conflict of nationalism in Canada”, en F. Scott y M. Oliver (eds.): Quebec states her case. Toronto: Macmillan: 57-69.

Miguel de Unamuno (1985, 7ª). De mi país. Madrid: Espasa-Calpe.

Eduard. Voltas (1996): La guerra de la llengua. Barcelona: Empúries.

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