HISTORIA DE UNA HETERODOXIA

mayo 29, 2014

JAVIER GÓMEZ CALVO

Gaizka FERNÁNDEZ SOLDEVILLA. Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994), Tecnos, Madrid, 2013.

Es complicado entender el presente si no se concibe el pasado como un proceso contingente cuyo futuro nunca estuvo escrito ni determinado. La historia del País Vasco contemporáneo es el resultado palpable de lo anterior. Las interminables cuatro décadas de dictadura franquista se vieron perpetuadas por otros cuarenta años de dictadura y miedo de los herederos de la misma lógica del terror que animó a los golpistas de 1936, y el silencio que impusieron las pistolas durante tantos años se extendió al terreno historiográfico. Gaizka Fernández pertenece a una generación de historiadores vascos nacidos en el tránsito de una a otra dictadura, que abordan nuestro pasado más reciente y doloroso sin miedo, ataduras ni servidumbres. Y lo hace de una manera atrevida y arriesgada, con trazos de humor entre tanto drama y siempre con soltura literaria y consistencia documental.
Héroes, heterodoxos y traidores narra la historia de unos herejes imprescindibles que dejaron de comulgar con el dogma. Euskadiko Ezkerra fue en sus comienzos la suma de una sopa de siglas compuesta por movimientos políticos y sociales de izquierdas y abertzales procedentes tanto de ETA político-militar como de la escisión obrerista ETA Berri y acabó, casi veinte años después, disolviéndose en un Partido Socialista de Euskadi, que heredó sus siglas como marchamo de prestigio. La tarea no era fácil, sin duda. Para un observador externo, resultaba complicado entender cómo quienes en tránsito del franquismo a la democracia eran cómplices del terrorismo y portadores doctrinarios del marxismo-leninismo acabaron en el partido no nacionalista más votado en el País Vasco y, por entonces, fuerza de Gobierno en España.
En este sentido, Gaizka Fernández comienza ofreciendo claves explicativas que ayudan al lector a encontrar la salida en el laberinto. Hay dos que, aunque se abordan con brevedad, resultan imprescindibles. Por un lado el origen histórico de ETA y, años después, la decisión irreversible de dejar de matar. Por otro, y muy unido a lo anterior, el sustento ideológico de aquélla. Solo así, se puede entender el contenido del libro, cuyo hilo argumentativo arranca en 1974, año de la ruptura de la banda terrorista en sus ramas militar y político-militar, de la cual acabaría naciendo Euskadiko Ezkerra. Comienza aquí un relato a medio camino entre la historia política y la historia cultural, sabedor el autor de que la trayectoria de Euskadiko Ezkerra está íntimamente ligada a quienes, como Teo Uriarte o Mario Onaindía, fueron sus protagonistas. Precisamente los libros autobiográficos de Onaindía o Uriarte eran, hasta ahora, la única manera de aproximarse a aquel partido minoritario que, hasta su desaparición, vio cómo la sociedad vasca simpatizaba con él en proporción inversa al número de votos que obtenía; todos eran de Euskadiko Ezkerra, pero cada vez eran menos los que introducían su papeleta en las urnas. Algo de eso había también en Acción Nacionalista Vasca (ANV) desde su fundación en 1930 y hasta 1937, una formación política que, como recuerda el autor, es el antecedente directo del nacionalismo heterodoxo que representó Euskadiko Ezkerra.
Para entender la corta historia de Euskadiko Ezkerra es fundamental el año 1982. Fue entonces cuando ETA político-militar sufrió la escisión de los partidarios de continuar con la práctica terrorista, los conocidos como “octavos”. El resto de la organización, sin embargo, había decidido apostar por la palabra y silenciar las armas, recorriendo en apenas un salto la frágil línea que separa al héroe del traidor. Las negociaciones entre ETA político-militar y el agónico Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo llegaron a buen puerto cuando terminaba el verano de aquel año en el que el PSOE lograría su primera victoria electoral en democracia. Gaizka Fernández se pregunta –y valora– el alcance real de aquella decisión, de tanta actualidad desde que ETA anunció el fin de la violencia sin por ello disolverse. Como recuerda Fernández, las tesis de los partidarios del cese de la violencia gozaban de cierto reconocimiento y prestigio, pero eran minoritarias.
En este punto, central en el desarrollo del trabajo, conviene detenerse en una de las principales virtudes del autor. La Historia reciente del País Vasco está plagada de minas que desde el mundo científico se han ido sorteando con la habilidad del equilibrista, y el mundo de ETA y la autodenominada “izquierda abertzale” es una de ellas. Decía Teo Uriarte que un acto heroico era el de aquellos que habían librado a la sociedad de la tragedia de las bombas y los tiros y, a su vez, a los sicarios de convertirse en tales. Por eso es tan complicado escribir historia con pasión pero, a la vez, sin dejarse atrapar por sus protagonistas. Se puede –y se debe– escribir Historia sin sucumbir ante ella. Justo eso es lo que hace Gaizka Fernández, quien no duda en recordar quiénes y cómo financiaron una práctica violenta que, entre otras consecuencias, tuvo la de eliminar físicamente a la derecha en Guipúzcoa. Justo es recordar que aquellos primeros años de plomo crearon una inmensa cantidad de héroes, a su pesar, que hoy siguen en el olvido: las víctimas del odio y la sinrazón.
La historia de determinados movimientos políticos muestra la dificultad de sobrevivir al éxito o la paradoja de perder en la victoria. En el caso del País Vasco, Unidad Alavesa fue una buena muestra de lo primero; y el carlismo, de lo segundo. A medio camino se encuentra Euskadiko Ezkerra. A finales de los ochenta, la aceptación de la Constitución se alternó con el apoyo a la autodeterminación y el establecimiento de alianzas políticas con Eusko Alkartasuna, lo que a la postre generó confusión entre las bases del partido, en este caso, como remarca Fernández, determinantes en su gobernabilidad interna desde el nacimiento del mismo. Cuando el partido se disolvió y unió sus siglas a las de los socialistas vascos, no atravesaba su peor momento electoral; mantenía una base de entre 70.000 y 80.000 electores y contaba con representantes en las principales instituciones políticas del país. Las tensiones internas, las contradicciones ideológico-programáticas y la dificultad que entraña para todo partido político minoritario actuar de forma proactiva y no a la contra, acabaron con Euskadiko Ezkerra y con su legado, apenas puesto en valor hasta que en 2009 Patxi López llegó a la Lehendakaritza y, con él, algunos de los protagonistas de este libro. Pero, como apunta el autor al final del libro, ésta ya es otra historia.



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